miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA AMISTAD EFIMERA

He bebido vino de hongos, mi corazon llora,
sufro desolación en la tierras, soy un desdichado.

No hago más que pensar en que no he gozado,
no he buscado el placer en la tierra, soy un desdichado.

Veo ante mis ojos la muerte, soy un desdichado.
¿Que más me resta ya que hacer? ¡Nada por cierto!
Algo maquináis y estáis muy airados.

Aunque somos piedras preciosas ambos,
aunque somos piedras de un mismo collar los que aqui estamos,
nada puedo hacer ya, algo maquináis y estáis muy airados.

Amigo mío, amigo mío, sin duda verdadero amigo,
por mandato del dios nos amamos:
ojalá pereciéramos embriagados por nuestras flores.

No se aflijan nuestros corazones, amigos míos.
Como yo lo sé, también ellos lo saben.
Una sola vez se va nuestra vida.

En un día nos vamos, en una noche
baja uno a la región del misterio.

Aquí sólo venimos a conocernos,
solo estamos de paso en la tierra.

En paz y placer pasamos la vida, venid y gocemos,
¡que no lo hagan los que viven airados: la tierra es muy ancha!
¡Ojalá se viviera para siempre, ojalá nunca hubiera uno de morir!

En tanto vivimos con el alma rota,
aquí nos acechan y nos espían,
pero aún desdichados, con el alma herida,
no hay que vivir en vano.
¡Ojalá se viviera siempre, ojalá nunca hubiera uno de morir!



Poema pre-colombino mexicano, extraido de Miguel Ángel Asturias (recopilador) (1960) "Poesía Precolombina" Compañia General Fabril Editora

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