miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA AMISTAD EFIMERA

He bebido vino de hongos, mi corazon llora,
sufro desolación en la tierras, soy un desdichado.

No hago más que pensar en que no he gozado,
no he buscado el placer en la tierra, soy un desdichado.

Veo ante mis ojos la muerte, soy un desdichado.
¿Que más me resta ya que hacer? ¡Nada por cierto!
Algo maquináis y estáis muy airados.

Aunque somos piedras preciosas ambos,
aunque somos piedras de un mismo collar los que aqui estamos,
nada puedo hacer ya, algo maquináis y estáis muy airados.

Amigo mío, amigo mío, sin duda verdadero amigo,
por mandato del dios nos amamos:
ojalá pereciéramos embriagados por nuestras flores.

No se aflijan nuestros corazones, amigos míos.
Como yo lo sé, también ellos lo saben.
Una sola vez se va nuestra vida.

En un día nos vamos, en una noche
baja uno a la región del misterio.

Aquí sólo venimos a conocernos,
solo estamos de paso en la tierra.

En paz y placer pasamos la vida, venid y gocemos,
¡que no lo hagan los que viven airados: la tierra es muy ancha!
¡Ojalá se viviera para siempre, ojalá nunca hubiera uno de morir!

En tanto vivimos con el alma rota,
aquí nos acechan y nos espían,
pero aún desdichados, con el alma herida,
no hay que vivir en vano.
¡Ojalá se viviera siempre, ojalá nunca hubiera uno de morir!



Poema pre-colombino mexicano, extraido de Miguel Ángel Asturias (recopilador) (1960) "Poesía Precolombina" Compañia General Fabril Editora

EXTRAÑA SENSACION

Por estos días las sensaciones son extrañas
Se siente como si estuvieran haciendo 40º a la sombra
Con un cielo nublado y listo para derramarse
No se siente el horizonte en las almas,
Mas en otras ese horizonte quiere decir salvación!
Pero cual cual? Ya se! No pueden ver lo que muy pocos podemos ver o lo que muchos no quieren ver!
Es muy extraño!
Porque también otras personas perciben cansancio…
Cansancio de verte siempre disfrazar la verdad!
Desazón de que los que no comparten tus ideas sean expuestos a la hoguera!
Asco de ver que la represión sea tu arma mas segura!
Indignación porque tus secuaces no hacen sino perseguir y violentar!
Repugnancia porque cada vez las oportunidades siguen en picada, para una mayoría que siempre ha sido saqueada, vitupereada, engañada!
Aversión porque cada día vemos por TV a tus arrodillados adorando tu altísima y omnipresente dictadura.

Hoy algunos nos queremos ir,
Los que no piensan ni un poquito quieren verter sus almas a la siniestra caldera norteña
Otros, no queremos dejar el sur, pero queremos amar y vivir mas al sur o a cualquier lado del sur!
Y los que por algún motivo se quedan, así no quieran ver lo que esta sucediendo, tienen todo el deber de seguir sintiendo, debatiendo, exponiendo, dialogando, investigando, marchando, luchando, pensando, esto que hoy me cercena las venas y el espíritu y que no pude dejar de escribir!

Alvaro "Prosa Furiosa"

lunes, 16 de noviembre de 2009

De primera vista la intensa iluminación deja ver las 5 ventanillas de esa dependencia de gobierno encargada de los asuntos internacionales. Al frente de estas se encuentra el laberíntico camino que guía a las persona hacia las ventanillas bordeado por pequeños postes y cada poste con su cinta que se unen el uno al otro y al final de ese camino se encuentra esa pequeña pantalla que designa la ventanilla a la cual se debe acudir y de la cual todos quisieran gozar de sus favores de manera mas rápida. Y hasta el frente a pocos pasos de la entrada se encuentra el estante de información repleto de folletos informativos. Por afuera la fachada luce pintada en una combinación austera de blanco y azul, en cuyo centro se encuentra montado en letras metálicas en un tono dorado el acrónimo SRE.

Antonio se encarga de atender el cubículo tres el cual está destinado para la recepción y entrega de documentos, cada vez que alguien llega a realizar un tramite el recibe los papeles que varían en función del tramite por realizar, después de verificar que estos sean los suficientes y los indicados los sella de recibido en tinta azul y a su vez a la entrega los sella de despachado en la copia del documento en tinta verde.

Sobre el escritorio de su cubículo todo estaba dispuesto para realizar estas tareas, los dos cojinetes de tinta están hasta el borde y a la derecha, un poco más abajo una esponja mojada en agua; útil para humedecer los dedos índice y pulgar para contrarrestar la resequedad que provoca el continuo manejo del papel. Debajo del escritorio a su vez se encuentran dos cajones, el primero del lado izquierdo donde un empleado con mayor jerarquía coloca todos los días aquellos trámites que ya han sido aprobados, usualmente este cajón se encuentra aún por las mañanas vacío -el complicado y absurdo aparato burocrático dificulta la rápida y expedita autorización de los trámites- del lado derecho se encuentra el cajón en donde son puestos todos los trámites por autorizar y este por el contrario siempre se encuentra lleno.

Con estos implementos Antonio lleva a cabo su labor única desde el comienzo de su jornada hasta el final, los cinco días de la semana que se ve obligado a asistir al trabajo, una labor tan rutinaria capaz de volver loco a cualquiera. Podríamos suponer entonces una grandiosa fortaleza mental en Antonio, sin embargo la fortaleza de Antonio no se encuentra en un fuerte compromiso hacia el trabajo o una voluntad inquebrantable, mas bien su distraído pensar lo abstrae hasta cierto punto de la rutina y la hace soportable, Esto no siempre juega a su favor, de hecho su mente dispersa fue la razón por la que se le designó a la casilla 3.

Antonio ha laborado en esa oficina desde hace más de 20 años, cuando recién llegó ascendió rápido y escalo rápidamente por la cadena jerárquica, incluso llego a ocupar una de las oficina de hasta atrás, la del centro para ser preciso, hasta que un día a causa de su común distracción autorizó un pasaporte a un centroamericano que se había hecho de un acta apócrifa con el fin de facilitar su ilegal estancia en el país y su futuro paso por la frontera norte.

El asunto no llegó a más, con el arropo del sindicato Antonio conservó su empleo sin mas que haber recibido una buen regaño con gritos, insultos y golpes al escritorio incluidos, pero como no hay crimen sin castigo Antonio fue relegado a la casilla número 3, condenado a esa prisión sin barrotes, sin muros altos, sin cadenas, sin grilletes sin mas que el continuo y lento sometimiento de la rutina.

En un principio, cuando Antonio comenzó a trabajar en la secretaría llego con una actitud totalmente positiva, el siempre fue de carácter afable, amigable, de buen trato, por de más una persona feliz y dicharachera, incluso esta actitud fue en aumento conforme ascendía en el escalafón de la burocracia, todo hasta aquel día en el que fue relegado a su ahora cárcel.

La monotonía con la constancia de la gota que erosiona la tierra poco a poco fue quebrantando su entusiasmo, cada día era un recordatorio de cómo sus metas y ambiciones no cabían en lo posible mientras estuviese en el cubículo 3 y así también su entusiasmo y su voluntad desaparecieron bajo el sometimiento de la constante rutina.


Para su colmo, la casa de Antonio no es muy diferente a la oficina de la SRE, esta se ubica en las afueras de la ciudad, donde las rentas son mas baratas, es un cuarto rectangular con dos habitaciones al fondo cada una con una puerta y cada puerta equidistante una de la otra, una el baño, la otra el dormitorio, en la habitación principal solo se encuentra una mesa de plástico blanca de esas que las agencias refresqueras utilizan para sus eventos de promoción, hay además dos sillas igual de plástico que le hacen juego a la mesa, antes de la mesa pegado a la pared se encuentra un sillón de esos que pretenden ser señoriales, pero se hacen muy evidentes sus materiales sintéticos que nadie se vería engañado por su pretenciosa apariencia.

Frente del sillón esta una televisión vieja, pequeña y de muy mala recepción (lo que no importa ya que solo la prende para ver el futbol y siempre que lo ve se queda dormido; como arrullado por los comentaristas) y esta a su vez se encuentra sobre un librero repleto de ediciones viejas y algunos discos además de viejas libretas de aquellos tiempos de estudiante en la escuela de biología. De ese mismo lado izquierdo de la habitación y posterior al televisor se encuentra una pequeña estufa eléctrica con apenas dos calentadores sobre una pequeña alacena donde solo se puede encontrar café –pero eso si en variedad de envase: los cerrados, los vacíos, los medio vacíos, los medio llenos porque fueron abiertos a pesar que ya hubiera alguno más abierto- no había azúcar no le gusta. Cabe mencionar que Antonio no dispone de refrigerador; no lo necesita, por la mañana solo desayuna un café, de cena también y el solo pensamiento de acompañar su café con leche le provoca nauseas, también odia las frutas y al medio día come cerca de la oficina en alguna hora que se toma libre.

A diferencia de su oficina, en su casa el único orden que reina es el del caos, talvez en un intento de descansar de la ordenada y metódica rutina de su vida, o quizá solo sea un poco holgazán, su ropa tirada por doquier hace difícil saber cual esta sucia y cual limpia, los libros –no las ediciones viejas sino los nuevos, los que compra cada semana- se encuentran en todas partes, en su cuarto, el baño, el sillón y todos sin separador que nos permita saber que parte de esa novela de aventuras está leyendo, y esto es por que cada que vez, lee una diferente, mezclando cada historia con las otras formando así una sola historia , carente de cohesión y sentido.

La excepción tiene lugar los fines de semana que se toma el tiempo de salir al atrio de la iglesia –no es católico en lo absoluto pero es el lugar mas cercano con bancas donde sentarse, leer y tomar el aire, es el lugar donde aprovecha también para ver llegar a los asistentes a misa de la tarde y en concreto a aquellas jovencitas devotas que van a que con rezos y golpes de pecho Dios misericorde les regrese por mandato divino su sexo ya entregado –La cuestión es: ¿Acaso Dios tiene tiempo de atender a esas señoritas de doble moral?-.

Pero Antonio no discrimina y más aún es comprensivo de esa doble moral provocada por la lucha interna entre la fe y la tentación del placer; un continuo estira y afloja, así que podemos concluir que el se dedica a observar a las de botas, de zapatillas, con medias, sin medias, con falda o con pantalones; es decir a cualquiera con un par de buenas piernas (ah ¡resulta que Antonio si discrimina: a aquellas con feas piernas).

Además de estas ocasiones cuando sale al atrio, Antonio se queda en casa leyendo, o practicando sus habilidades musicales con un acordeón que recién compró, con el fin agregar una chispa de espontaneidad, en realidad tratando de demostrarse así mismo que es un hombre capaz de hacer cosas inesperadas, “el impredecible Antonio” se pensaba.

Pero el acordeón resulto ser un instrumento más difícil de lo esperado y después de una hora de empezar a practicar, se arrepintió de haberlo comprado, llego a pensar en devolverlo, pero no lo hizo, se auto convenció de que el acordeón resultaba ser un buen adorno para su casa en el caso de que invitara a alguien a tomar una tasa de café (¿Y qué más?), cosa que a lo largo de los últimos dos años no había ocurrido.

En los últimos fines de semana incluso aquellos largos con algún día libre de más Antonio casi no ha salido, se ha visto algo enfermo, débil; nada grave, ha seguido asistiendo puntual y maquinalmente al trabajo, pero se ha sentido lo suficientemente mal como para no salir a leer. La continua rutina talvez después de tanto tiempo por fin hizo mella en su cuerpo, los primeros síntomas fisiológicos de esa rutina que le ha carcomido la mente y el alma por tanto tiempo. Esa rutina ahora satisfecha de psique y voluntad prosigue con el dulce postre del cuerpo.


2

La luz del día se empieza a colar por una rendija de la cortina de la ventana, formando un haz de luz que justo marca un línea que culmina en la cara de Antonio, quien lentamente, empieza a reaccionar a la luz que atraviesa sus parpados y al candor que la luz constante posa sobre su rostro, Antonio por fin abre los ojos y al tiempo suena el despertador.

Que mejor despertador que la costumbre, piensa, lleva ya tanto tiempo despertándose a la misma hora que su reloj biológico trabaja con la precisión de una maquinaria suiza.

Así es como comienza Antonio estos días con todos estos movimientos maquinales y cronometrados: 10 minutos en la ducha empezando en la cabeza y continuando hacia abajo, 5 mas en vestirse con el uniforme de la dependencia color azul claro, 10 en tomar su desayuno (café negro), el mismo de todos los días y de esta forma toda una cadena de eventos llevados a cabo con la exactitud de una maquina recién aceitada.

Antonio usualmente llega a su cubículo ya resignado al monótono que hacer diario, incluso prepara pequeños juegos mentales como por ejemplo, tratar de adivinar cuantos trámites se autorizarán ese día o cuantos serán rechazados; es curioso como la mente nos pone trampas y juega con nosotros, Antonio, inconscientemente, si dada la suerte que llegara a sus manos algún trámite con alguna anomalía muy particular, haría hasta lo ridículo por desenmarañar los misterios que rodean a esta. Pero en estos tiempos de la era informática, cualquier posible anomalía por mas pequeña que fuese, sería revelada por algún tipo de lupa informática de esas que en vez estar hechas de cristal, son hechas de innumerables series de combinaciones binarias y potenciadas por esos procesadores de nueva generación.

Además, la inconsciente necesidad de cambio, de espontaneidad lo lleva en ocasiones a tratar de provocar encuentros, como forzando al azar, jugándole tretas al destino, trata de relacionarse sin querer, hace conversaciones cortas como queriendo que de alguna de éstas surja el principio de alguna amistad, por superficial que ésta pueda resultar, algo de lo que pueda resultar alguna invitación al cine o al típico café. Se ha vuelto también atento a las conversaciones ajenas, no con una intención de chismorreo, más bien con la intención de participar, hacerse notar un poco.

Antonio, aún estando como esta y siendo como es, aun puede ser un blanco más de esas coincidencias de la vida, que con harto humor negro e ironía y por que no decirlo con cierta conveniencia para los fines del relato y que, para hacer honor a la verdad, habrá que decir que se estaba acercando a topar con pared, siendo como es, la vida a veces te regalan oportunidades en los momentos en que te encuentras menos apto para atenderlas o incluso para notarlas. Con el cinismo de quien le tiende la mano a un manco, la vida se burla de nosotros restregándonos el objeto de nuestro deseo en la cara.

Esta mañana Antonio sentado como de costumbre en su cubículo no lo ha notado, pero la misericordia del destino le esta preparando una sacudida y con sutileza le va dejando pistas. Al levantarse esa mañana no había agua caliente, alguna brisa nocturna, heraldo del azaroso destino, se encargó de apagar el calentador, como haciendo el primer movimiento en la cuadrícula blanco y negro.

Un retraso llevó a otro, bien sabemos que las cosas van hiladas una tras otra, seguidas, si acaso nos podemos saltar unas cuantas o las apresuramos, pero aun así y de no ser que se haya descubierto una forma de hacer hoyos negros y manipular esas cosas tan cotidianas y tan complicadas que son el espacio y el tiempo, si se pierden unos segundos haciendo tal, a su vez se retrasa el cual, por eso y sin demás intento de evadir las posibilidades que Antonio tenía para llegar temprano al trabajo, aunque, porque no decirlo, corrió tras los minutos que se le habían escapado, no logró mas que arrebatarle, apenas con las uñas, algunos minutos a la media hora de retraso que llevaba, y ahora que Antonio salió a tomar su lonche con tiempo de menos y veinte minutos mas tarde, lo hacen correr para alcanzar algún lugar en su fondita, su idilio gastronómico.

Colmo de colmos, la pequeña fonda donde Antonio acostumbra comer, esta repleta, el lugar que mecánicamente ocupaba todos los días ha sido ocupado por un grasiento comensal ataviado en un traje negro, que a leguas se notaba le queda chico.

Frustrado al ver como la rutina de su día a día se fue al carajo Antonio sale del comedor apresurando el paso, no sin antes echar un par miradas, de esas fulminantes pero infantiles en su intención de aleccionar con un gesto amenazador, como deseándole una severa indigestión a nuestro rollizo amigo de traje negro. Ya en la calle, y estando en busca de su platillo de arroz y filete de pollo típico de este día de entresemana, Antonio busca y pregunta por algún lugar con la suficiente higiene, que le sea digno, pero solo encuentra muchos puestecitos, de esos de garnachas y de comidas por demás grasientas, de esas que, según sugiere el gesto que Antonio lleva en la cara, piensa él que nuestro amigo rollizo había abusado en su consumo.

Vaya aventura gastronómica, tres cuadras adelante y dos a la derecha después Antonio esta sentado al fondo del cuartucho que por los días la hace de cocina económica y por las noches de baresucho con todo y sus ficheras que no venden fichas, pero que si venden caricias y que, a diferencia de lo que se dice en alguna canción que hace alusión a este tipo de lugares, estas ficheras no venden caro su amor, lo venden digamos razonablemente barato y que solamente nos resta decir, de una forma por demás romántica e ingenua que sus precios son resultado de un desinteresado y por demás noble acto de solidaridad en estos tiempos de recesión.

Ahora bien, después de divagar un poco, algunos dirán un tanto, sobre las honorables tarifas que si bien son bajas, aun ofrecen y garantizan la misma satisfacción que las altas, vamos a lo que nos incumbe, y que en estos momentos va por el plato fuerte, habiendo acabado el entremés, un exquisito caldito de camarón, con una rapidez inusitada, a causa talvez de la adrenalina que le corre por las venas, en esta su aventura, su escape de la rutina, que cualquier cosa es para la mayoría pero que, para Antonio, es una escalada en vertical y sin cuerda de protección.

Ahora se enfila a devorar la milanesa, que si bien no sería una recomendación de primera mano de algún campeón de fitness, tampoco le tapará las arterias, además de que, aunque algo chiclosa esta decentemente buena, y muy bien servida, y no hago referencia al tamaño de la guarnición de arroz que lo acompaña, ni a si el filete era de buena amplitud o al grosor, a lo que me refiero es que quién le sirvió el plato lo hizo bien, cuidando que, como marca la máxima gastronómica, el gusto le entre por la mirada, la mesera que atiende a nuestro amigo resulta ser un ingrediente esencial de las recetas de esta fondita, de esos secretos que te aseguran una clientela cautiva, de esos que te llenan el ojo mientras lo demás te llena la panza.

No es digamos, la mesera, dueña de una belleza de esas de pasarela en ropa interior o de esas de actriz hollywoodense, vamos, ni de cine mexicano setentero, pero su encanto debe de tener, es decir, los atributos de la comida por sí solos no llenan el lugar a la hora de la comida, algo en la mesera atrae a los comensales, particularmente, en su mayoría, casi totalidad, hombres, vamos, que algo en sus anchas caderas debe de resultar en un irresistible digestivo para la hora de la comida, algunos preferirán una copita de aniz, otros con la tierra que los vio nacer en su corazón tal vez gusten de un caballito de tequila, o tal vez otros con mas solvencia y con el supuesto buen gusto inherente en ella, degustaran acaso una copita de coñac, pero no, estos caballeros recurren talvez, y digo talvez por que al no poder entrar en la mente de los demás comensales no nos queda más que suponer que recurren a unas frondosas caderas para mitigar la ansiedad intestinal.

O tal vez no sean sus caderas y sean sus ojos negros que, bordeados por debajo con una ligera sombra negra que nos recuerda a nuestros primeros trazos en los cuales fallamos un poco en colorear dentro de la línea, pero que también da una ligera profundidad, y bordeados también por arriba, por un abanico de cejas inmensas que en cada parpadeo pareciera agitar el aire enrarecido por el olor a carne cocida y especias, dando a una brisa bochornosa, que por momentos hizo recordar a Antonio, en unos de esos flashbacks estilo Hollywood, algo sobre como el aleteo de una mariposa en el lejano oriente puede provocar un huracán al otro extremo, digamos el cercano occidente, teoría del caos según le llaman los expertos, vaya disparate, una mesera provocando huracanes, pensó Antonio al regreso de su ensoñación.

O tal vez sus labios rojo escarlata, o sus cejas dibujadas con cierta geometría, podría ser talvez su nada discreto vestir, dejando ver algo que solo algunos pocos, como caballero no me atrevo a pensar en muchos, han obtenido de ellos sus favores y que muchos seguro que los desean, o talvez sea en su conjunto, este combo de bondades superfluas, la formula exacta de la atracción y la ambrosía, pero en honor a la verdad debo agregar que, el trato amable y alegre, una voz de esas que da gusto oír forman parte esencial de la formula, que aunque en la pintura mental de esta mesera no haya evocación alguna de estas virtudes, sumado a lo anterior, atrae con la fuerza de un magneto sobre limaduras de hierro las miradas de los demás comensales en su camino a la mesa de Antonio, al que ahora le lleva su postre.

Aquí le dejo su flan, dijo ella en un tono amable y cerciorándose de rozar ligeramente los dedos de Antonio que al momento del roce casi dejan caer el plato. Que atrevimiento podrían pensar las mentes recatadas, así no es como debería de comportarse una dama, pero fuera del juicio moral y puritano, el cual es siempre de opiniones y creencias y que estas al enfrentarse al hecho irrefutable de que bajo ninguna circunstancia Antonio hubiera tomado la iniciativa para no digamos un cortejo, tampoco un coqueteo, digamos pedirle una servilleta, queda totalmente descartado el juicio y en cambio si se reconocen los nuevos modos, donde la mujer como el hombre, tanto uno como el otro, puede dar el paso inicial e iniciar la danza de las danzas, esa donde solo algunos consiguen dominar con maestría mientras los demás la pasamos a-rítmicamente chocando unos contra otros y pisándonos los dedos de los pies.

Un tímido gracias y un desafiante de nada, y de Antonio nada, la mesera se pasea limpiando las mesas cercanas siempre tratando de ofrecer una vista agradable a Antonio, quien ruborizado, solo atinaba a comer lentamente y con pequeñísimas cucharadas su flan, del cual solo podemos decir que se ve suculento, y que, por mas esfuerzo que se haga por saber si estaba delicioso o no, será un misterio que. por la relevancia del flan, es decir, ninguna, quedara sin resolver por el momento, y que como no queriendo acabárselo se lo acabó , pero para ese entonces la mesera que aunque seguía trabajando con la dedicación normal de cualquier día de trabajo, con el usual arrojo hacia sus deberes del día, ya había tomado la determinación de dar el primer paso de la mencionada danza, incluso ya tenía elaborado un plan sobre como sortear las evasivas que Antonio, por simple timidez, le daba. Lo cual de nueva cuenta es una suposición un tanto sin fundamento ustedes dirán, pero que en realidad fue hecha basada en la lectura de los gestos, actitudes y miradas que la mesera en ningún momento ha guardado discreción alguna al demostrarlas, y que prueban que en efecto algo se trae entre manos.

Con la habilidad de quien hace buen juicio sobre las personas, la mesera, y digo mesera por que eso es lo que es por el momento, no hay connotación despectiva alguna, en su lugar lo que si hay es un reconocimiento a la labor de atender a las personas que, sin duda, requiere de habilidades ahora tan en desuso como la paciencia y la empatía, y que es por este oficio también que, la mesera, ha desarrollado la mencionada habilidad de juzgar a la gente y de reconocer sus debilidades, de ver de que pata cojean pues, puede ver a través de las personas, descifrando en cada movimiento, las debilidades de carácter y las demás características singulares que conforman las variadísimas personalidades que la naturaleza humana nos permite, poniendo atención a cualquier detalle, y lo digo sin exagerar, aunque si lo pensamos bien, todas las cosas buenas en esta vida son solamente exageraciones de lo ordinario o respondan ustedes, ¿Qué son las cataratas de Iguazú, sino una exageración de la naturaleza misma, que ya encaprichada se dedicó a dar formas irreales al mundo en que vivimos?, en fin, después de esta perorata sobre los dimes y diretes un tanto existencialistas, un tanto vagos, de vida, pongamos atención en lo que nos interesa.

Ahora bien, comprobado estará cuando se planteé la siguiente escena que, el ir y el devenir de las palabras además de trabajar para bien, haciéndola de traductor de almas y salvo conducto de pesadumbres, también en ocasiones trabaja para mal, digamos que distrae y seduce como al perro que le pasean un filete por la nariz, las palabras nos hacen voltear la mirada, nos atraen con sus acentos, sus sintaxis y sus dobles sentidos, y estando perdidos, ahora solo queda admitir, no sin un una muy sentida disculpa, que perdimos de vista el objeto de nuestra atención, nuestro objeto de estudio, pues solo tomó un párrafo de anotaciones y fútiles reflexiones para que la mesera haciendo uso de sus habilidades, no las de juicio si no otras de otra índole, menos analíticas y un tanto mas primitivas, más de instintos, haya llevado a algún otro lado a nuestro querido amigo, y solo nos queda observar impotentes como todas las cabezas que habían seguido con la mirada la escapada de la mesera y de Antonio ahora regresan a su posición natural, es decir, frente a sus platos, y que si observamos cuidadosamente las sonrisas cómplices de los comensales y el ceño fruncido de las cocineras nos sugieren, sin duda, que esta no es la primera vez que la mesera se va con un cliente.

Si volteamos a la mesa donde se encontraba Antonio solo veremos el plato vacío y el dinero de la comida, y aun haciendo un gran esfuerzo deductivo, nos quedara la interrogante de cómo se llevó a cabo el cortejo, si bien podemos estar prácticamente seguros que, por la timidez de Antonio, el ritual de cortejo constó prácticamente de un monologo, donde la mesera dando rienda suelta a sus dotes de persuasión logró convencer a Antonio, quien seguro solo se dedicó a asentir con ligeros movimientos de cabeza, a irse del lugar. Siendo como fue, nos será imposible saber los movimientos que la mesera utilizó para complementar su discurso persuasivo, que si talvez continuó sutilmente ese intercambio de miradas y actitudes y demás provocaciones y después de las cuales le debió de haber seguido un abordaje más directo para poder tomarle de la mano y jugar con sus dedos pasando los de ella entre los de Antonio, talvez también, habiéndose quitado la zapatilla, empujaría su empeine en contra de la pantorrilla de Antonio que para ese entonces ya debería de haber estado sudando frío y que al momento en que ella dejara la pantorrilla para subir hasta llegar a su entrepierna, Antonio cerraría el compás de golpe, pero la mesera gentilmente esperaría unos segundos y lo abriría de nuevo con el empeine, entonces solo hubiera bastado la palabra “vamos” para realizar la escapada, o talvez, cansada de la sutileza que las miradas y sonrisas evocan, cambió a una estrategia más agresiva y solo le explico con lujo de detalles y de manera gráfica lo que pasaría al irse del lugar y que Antonio si bien es de carácter pasivo también es obediente del lívido, aceptaría sin decir palabra alguna, solo asintiendo con la cabeza.

Aún habiendo sido este ejercicio imaginativo, un escenario probable de lo que pasó en la realidad, no va mas allá de meras suposiciones de lo que quedará como un misterio para nosotros, y solo queda, además del remordimiento de consciencia por cometer semejante distracción, la certidumbre de que las miradas que habían seguido los pasos de nuestros bienaventurados amigos, regresaban desde un lugar que no era la salida de la fondita y que por otro lado apuntaron hacia algo que parece un estrecho pasillo que la hace de pasadizo hacia los sanitarios, y lo cual nos da una sólida pista para seguirles el rastro, aun que ya podamos hacernos una vaga idea de lo que encontraremos.

Quedando fuera de la idea que nos formamos en la cabeza están esos detalles que por su naturaleza misma, la de ser un pasillo un tanto oculto a la vista del comensal, nos eran desconocidos, por ejemplo: el fétido olor en los sanitarios, llenos de sarro y suciedad, que a pesar de todas las lavadas no se quita, y que es muestra inequívoca de que los sanitarios fueron re usados después de un largo tiempo de abandono, después también encontramos, al fondo, una cortinilla de plástico tras la cual se encuentra una especie de fregadero lleno de esos trastes ocupados para la preparación de los alimentos que se sirvieron ese día y que solo esperan por alguien para que los lave y los ponga en su lugar, después y tras otra cortinilla plástica, se encuentra el lugar que suponíamos íbamos a encontrar y que de hecho si encontramos, y que si bien no es el escenario, todo lo que mereciera un encuentro carnal lleno de deseo, instintos y feromonas, de bajas pasiones y altas sensaciones, bien cumple con los mínimos requerimientos para sostener el encuentro, es decir, un camastro y un espejo estrellado que refleja 8 veces nuestra cara perpleja, sin embargo no hace falta una basta experiencia en esto del placer carnal para notar la falta de las sabanas de satín, almohadas rellenas de pluma, luz de velas -no por romanticismo si no para calmar las voces pudorosas que a pesar del tipo de encuentro que se sostendrá, imperan respeto y demandan un poco de oscuridad- y resulta obvio que descartados están también pétalos de rosas y las esencias florales.

Además de nuestra cara perpleja y llena de sorpresa el espejo en su esquina inferior refleja dos pares de brazos amasando las pasiones, preparándolas como para ponerla bajo fuego y así fundir la piel de dos cuerpos en uno solo, solo separándose para volverse a juntar en un violento ir y venir, el sudor fluye como lubricando la fricción en altas temperaturas, las pupilas dilatadas, jadeos y rasguños. Sin perder detalle observamos con detenimiento y sorpresa el desenlace de la jornada y casi tropezamos con las ropas que están en el suelo sin orden alguno más que el de la prisa.

Los amantes piden privacidad en cada jadeo, y estaríamos dispuestos a concederla sino fuera que una curiosidad nos obliga a permanecer, no se crea que se permanece por alguna mórbida curiosidad no, se esta por que nos resulta conmovedor y nos enternece el como los músculos de Antonio se contraen, como se le eriza la piel, como la sangre se le sube por las mejillas, como se le entrecorta la respiración y como todas esta sensaciones que durante tanto tiempo se le habían negado ahora le llegan todas juntas, lo hacen sentir tan bien, tan vivo que lo marean y casi lo hacen volver el estomago.

La muerte chiquita le dicen, y en cierto modo así fue, casi lo dejan muerto, un disparo fulminante de placer y reacciones químicas dejan a Antonio en un estado; en un principio catatónico para luego pasar al estado inconsciente del sueño profundo, que estaría soñando nuestro amigo, acaso pensaría en la próxima vez, estaría planeando ya comer todos los días en esa fondita, su ahora nuevo idilio en el sentido mas literal de la palabra, se habría imaginado a él saliendo con ella, llevándola al cine, caminando por las calles adoquinadas del centro, llevándole rosas, cantándole serenatas con su acordeón, estaría el totalmente a disposición de ella en reciprocidad a la entrega de la cual la mesera dio muestra, que una semejante entrega no era en vano, ni era casualidad, ella estaba ahí para salvarlo recatarlo de monotonía, pensaba nuestro Alberto, tan nuestro como de ella. Sea de observarse que ternura da tendido sobre el camastro, vulnerable cuando mas valiente fue, ironías de la vida, como estuvo a merced y fue presa del deseo y que ahora a merced y voluntad de la mesera esta.

El movimiento fue rápido, no sutil, pero si hábil, como practicado, movimientos precisos; revisa el pantalón, saca la cartera, saca el dinero, mete la cartera, billetes en el sujetador, se vistió rápido, miro su reloj, desvió la mirada hacía Antonio, le sonrió como burlándose de su ingenuidad y se marcho, se marcho de regreso a su labor de mesera, a servir otro platillo a otro comensal y a ir otra ves por el pasadizo, porque eran las 5 pm apeas y solo faltaban unas horas para que el turno de la noche comenzara.

La mesera sale por el pasadizo, sujetándose el último cabello suelto que quedaba, rehecha y lista para mas clientela, pero la mesera no imagina la escena que se le avecina al día siguiente; una arrebato de celos, enojo y frustración de quien se creía el único al ver como la mesera en esa ocasión seleccionaba a otro y no a él, que si pareciera que apeas había sido ayer -acaso había sido ayer- cuando los dos se entregaron el uno al otro, que si bien no hubo palabras fue por que los cuerpos temblorosos y húmedos habían sido los que hablaron, que si había sido amor a primera vista, que si esa danza de cortejo. No imaginaba además, que después el arrebato vendría el llanto, la vergüenza, las ganas de golpearla y de golpear al fulano ese con el que se iba. La mesera no anticipaba como Antonio sólo correría hacia la entrada solo para detenerse a medio camino, cambiar de dirección, y embestir al fulano este que se atrevía a robarle a su amor, el cual para ese entonces ya estaría empuñando una navaja que por precaución habría decidido sacar desde el momento del arrebato de celos y que cuando viera a Antonio venir no titubearía en poner de por medio.

La mesera no vislumbraba como Antonio gritaría de furia en un principio y como ese grito después daría paso a un ligero pujido al sentir el frío acero dentro de sí, y como después y no sin tratar de sostenerlo, la mesera vería caer a Antonio hasta el piso, escucharía algunos platos y vasos que se caerían en el momento de la caída, vería también como el fulano este habiendo tirado la navaja saldría corriendo, la mesera no se imagina como perdería la voz de tanto gritar por ayuda, no sabe ahora como gritar le sería inútil ya que Antonio, para el momento ya habría exhalado su ultimo aliento.

Una horas después Antonio despierta, al vestirse se da cuenta del dinero faltante, y supone que es algo normal, vamos, indiscutiblemente le tiene confianza a la mesera, quien, necesitando un poco de dinero lo tomó prestado y que si no se lo pidió a Antonio solo fue por no incomodarlo en su bien merecido descanso, Antonio sale de cuartucho y busca con la mirada a la mesera, pero no la encuentra por ningún lado -no importa- piensa para calmarse el mismo -ha de estar ocupada con su trabajo, en fin mañana seguro la veré- y aunque así será no será de la misma forma que hoy. Antonio entonces sin sospecha alguna de la suerte que le espera y que es sin duda una mano que ya se jugo, sale contemplando el atardecer que colorea el cielo de una tonalidad naranja y camina por la calle rumbo a su casa, no le importa nada, ni el trabajo al cual no regresó después de su hora para comer, que si bien le dirían algo por no avisar, no pasaría de eso por ser la primera vez en años en que ausenta de trabajo, y que además, todo le parece indicar que mañana será un gran día.


***





Jorge, Mexico

martes, 27 de octubre de 2009

Entonces que….

Mi oficina ya no es la misma
La libertad ya no se siente
El universo ya no puede confluir
Las risas son menos
La verdadera música ya no se vive
El licor se toma de otra forma
El amar al otro ya no es un arte
Las chimeneas son falsas
El arte ahora es ajeno y no está aquí.

En cambio ahora se siente rabia.
Rabia de no estar viviendo aquello.
Rabia porque añoramos y no vivimos
Rabia porque nos estamos dejando imponer
Algo que apesta.
Nos quieren atragantar de eso y entonces que...
Nos quedaremos tranquilos?
No haré nada?
No escribiré?
No hablaré?
No publicaré?
No marcharé?
No cantaré?
No actuaré?

Pues allá tu.
Iré donde el cura, el vecino, el compañero, el amigo, el enemigo, el primero, el ultimo, el que tiene y el que no tiene nada…
Iré a decir basta!
no vengan acá!..
No los queremos en este lugar!..
Ustedes no son de aquí!!.
Nosotros creamos este espacio!!
Aquí hay verdadera paz y alegría!!
En este lugar no está lo que buscan…
y entonces que, vienes conmigo?, porque si no lo haces puede que nuestro puño izquierdo en alza lo conviertan en mano derecha!


Alvaro, Colombia

domingo, 25 de octubre de 2009


Anónimo

abriendo

me

paso entre arroyos y cascadas

muchedumbre

desconocida de almas

pavorosa

huida d miradas.

Visiones de asfalto y goma

zafando

anonimo

peatón

sumido

al imperio de los carros.

Calle séptima.

Atónito

ajeno

a este desorientado fluir

harto

engrasado.

Consumir

moda

y litros

de vacio.

Seco saboreo

paredes forradas superpuestas

ruinas, hormigón esqueleto

gruas

arriendo

estridencia revelada

graffitti.

Errante

en ventaja

me surte doña creatividad

y su innumerable séquito de infinitas

hijas

por procear exigentes.

Camino destrucción

y creación.

Estático

el vuelo

suelto

y liviano.

Y vengo y vengo

y voy

del mendigo

a olimpos

del mudo dictado feroz

del maniquí

al baluarte tambaleante

de mi

agridulce

ser.

Sed

poderes

camuflados y encorbatados

sin demeritar

poderes

al final.

Sigo

empático

agua

de esta espesa

agua

automática

de tribus efímeras

de trapos erigidos

en dioses

si prisa sin sentido

sin sentir

intenso presiento deicida

más ruinas

y ya no dibujo lunas

con el labio

vienen fantasmas sucios

avariciosas sirenas de puro oro

perros en babas

devorando tuétanos de espíritu

espíritus demandando

meras miradas

y apresuro el paso

anónimo

anónimo.

Miguel Luna, Bogotá, Agosto 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

ESTIMADA CRISIS


ESTIMADA CRISIS (reflexiones desde el centro del mundo)

Por todas partes se escucha esa alarma de la crisis mundial. Un momento crítico bien real y dadas las interrelaciones existentes incluso con los confines más remotos de nuestro planeta, una situación bien globalizada. Si bien, como dice el dicho, “no hay mal que por bien no venga”. Así opino yo precisamente con este momento de la historia. La crisis mundial supone un cuestionamiento del sistema económico imperante, y de ahí de todo lo que se deriva. Es decir, la política, la forma en que se ordenan las sociedades, los hábitos diarios de cada uno de nosotros, el mundo laboral, el ocio, la cultura, etc... De esta manera con este ensayo pretendo analizar la situación actual en base a algunos puntos que considero cruciales. Tomando como referencia el llamado primer mundo, ya que es el pretendido modelo a seguir por el resto del mundo. Tras el retrato, obviamente crítico, voy a plantear algunas soluciones. Propuestas que no son mías propiamente, si no más bien han ido, de alguna manera recalando en mí. Pero antes de entrar en el presente y algunas vías de solución, quisiera hacer mi propia y caprichosa excursión histórica a modo de introducción. Ahí va.
La base de la idea organizativa de las sociedades actuales viene de la antigua Europa. Ésta, a su vez deriva del mundo greco-romano. Sin entrar al detalle, quisiera detenerme no más en la idea de democracia. Esa forma de hacer política se supone bien diferenciada de las autocracias (donde sólo manda uno) o las anarquías (donde no manda nadie). Democracia, quiere decir “el pueblo manda”. Viene de la sociedad griega, donde las decisiones se tomaban en reuniones abiertas al pueblo. Así visto es bien bello. Pero no hay que olvidar que esa democracia se daba en una sociedad donde había esclavos, que no tenían ni voz ni voto. Y que tampoco las mujeres tenían tanto que decir. La democracia ya tenía sus fallas. Me pregunto ¿cuanto de esto perdura hasta nuestros días?
Bien, siguiendo con este paseo por el tiempo llegamos a las colonizaciones. La más importante fue la que hubo tras descubrir el continente que luego se llamaría América. También un momento de crisis, esta vez de las monarquías y de la iglesia. El encuentro con el nuevo mundo, lejos de ser contemplado como un enriquecimiento cultural mutuo, o un punto de partida para revisar el punto de vista propio sobre el mundo, la religión, o la naturaleza, se ve como una oportunidad de enriquecimiento y una reafirmación violenta de los propios valores. América era el paraíso y sus habitantes se veían más como animales molestos que como hermanos. Desde ahí todos conocen la historia de saqueos, engaños, violencia, violaciones, enfermedades, esclavización, etc... Y así ha seguido siendo con las diferentes colonizaciones que se fueron dando después en este continente y en los demás que son el tercer mundo actual. Siempre la pretendida superioridad moral y técnica que se usa como excusa para la libre y despiadada explotación de la tierra y sus habitantes. Apenas como una herencia viva de una antigüedad remota. ¿Y cuanto de esto perdura en nuestros días?
Luego llegó la revolución industrial. Prefiero llamarla Involución Industrial. Las mejoras en la tecnología y en los transportes hacen que se mejore exponencialmente los sistemas de producción y el comercio. Nacen las fábricas, los locos horarios interminables y se despersonaliza el trabajo que cada vez va yendo más cerca de la robotización. Ahí nace el capitalismo, donde lo que importa fundamentalmente en el mundo es el comercio y como dice su propio nombre el capital. Se empiezan también a tejer las enrevesadas redes comerciales entre diferentes países. El germen para el mundo actual donde la materia prima viene de un país del tercer mundo, se produce en otro donde las restricciones en la producción no son tan estrictas y se vende en el primer mundo. Es el inicio también para los peores daños al medio ambiente, sin duda alguna.
Y para acabar este azaroso recorrido histórico, sin ser propiamente un momento histórico, hablaré de la ciencia. Poco a poco, la ciencia ha ido ganando terreno como modelo explicativo del mundo, por encima de religiones o explicaciones mágicas. A partir de la tecnología y del control de la naturaleza ha ido creciendo su poder de forma que los gobernantes de cada momento la quieren tener de su lado. Explica el origen del mundo, multiplica nuestra velocidad de movimiento, nos hace supuestamente la vida más cómoda, crea medicaciones para casi todo, nos ordena la vida, nos analiza la cotidianeidad, mejora el armamento para que nos matemos mejor y más rápido, y un largo etcétera. La verdad es que la ciencia nos cobra una factura bien alta, sobre todo llevada como hasta ahora, siempre siguiendo el dictado del devorador progreso, que quiere someter a la naturaleza a toda costa. Cuando digo naturaleza digo ríos para obtener energía y así poder tener luz a todas horas, y digo nuestros propios cuerpos para tener el aspecto deseado, digo el ritmo de crecimiento de las plantas y digo la naturaleza de la reproducción natural o incluso el modo con las avanzadas investigaciones acerca de la clonación. Además de eso, para mi también es bien grave que se hayan desplazado otros sistemas de explicación del mundo, menos precisos pero también más humanos. Como los cuentos o las leyendas, que dejando de lado si son más o menos reales, llevan implícitas lecciones de moralidad y de valores que en la ciencia están ausentes. Además de que usualmente son los ancianos los que las guardan.
Hecha esta revisión histórica pasamos al retrato de actualidad. Vivimos en un mundo donde los medios de comunicación tienen una presencia sencilla pero influyente. No es ninguna novedad que lo diga. Es fácil en cualquier hogar tener una televisión, la prensa y las revistas son de fácil acceso, así como internet y la radio. Eso supone miles de mensajes, miles de imágenes, miles de colores en cualquier rato. Tantos años de progreso y al final aún resultamos animales fácilmente asombrables con este tipo de estímulos. Uno se acerca a ellos con la ingenua idea de que es libre y que agarra lo que quiere. Especialmente con la televisión, nada esta más lejos de la realidad. Un bombardeo de miles de imágenes por segundo, imágenes pensadas para influir, para crear necesidades y ofrecer la solución para ellas, anula el raciocinio influyendo directamente en lo más irracional de nosotros mismos. Y lo irracional, ese lenguaje de los sueños o de las leyendas sigue teniendo un peso muy importante en nuestras decisiones rutinarias, a pesar de que pretendamos ser más y más racionales. La televisión fomenta el consumismo creando inquietudes cuyas soluciones ofrece también. Si no ¿para que habría anuncios?, si no ¿de que viviría la televisión? Igualmente el bombardeo de publicidades está en las mismas ciudades. Por todas las partes esa contaminación visual de carteles, neones y mensajes vendiendo un mundo idílico de hermosos cabellos, vidas prefabricadas, presencias imponentes gracias a carros brillantes, cuerpos esbeltos por beber alimentos con un refuerzo x, y así. La televisión, los medios de comunicación y la publicidad no son inocuos. Y dentro de los medios de comunicación, estaría el cine. Este arte deriva de la literatura y fundamentalmente de las representaciones teatrales. La tecnología aplicada ha permitido cambiar el formato y recrear fantasías inimaginables antaño. Es una forma de comunicación brutal. Como el resto de medios de comunicación, si se aplicara a la enseñanza, a la prevención de guerras o a aspectos parecidos este planeta sería un lugar bien diferente. Pero no es así. Además, como suele ocurrir, los caminos fáciles no son los mejores. Por poner otro ejemplo en las salas de cine y en los lugares donde alquilan películas, lo más fácil es ver una película de Hollywood. Películas cortadas por un patrón similar, reflejo de una forma concreta de ver el mundo. Metrajes de violencia, héroes que salvan al mundo gracias al sacrificio de sus propios sentimientos, sabidos de destinos que llevan por ese camino, violencias justificadas, explosiones, armamentos, persecuciones de coches, buenos y malos, y a los buenos siempre les está permitido hacer lo que sea para librar al mundo del mal (y esto suena bien real). Un entretenimiento puro y duro, una ficción sorprendentemente paralela a la realidad. Y así lleva siendo harto tiempo. De manera que sin enrojecerme me gustaría llamarlo colonización a partir del cine. Años de vender patrones de vida, que aún perduran. Las mismas televisiones pasan una y otra vez las mismas películas, talladas con similares modelos.
Además de que esa presencia fuerte del televisor en casa hace que cada vez seamos más espectadores de la vida que actores. Porque todo se puede ver desde el sofá de la casa. Hasta uno puede elegir a modo de medicación que verá, si humor, violencia, amor... Pequeñas satisfacciones al precio de que cada vez se le estrecha más a uno la visión del mundo. Y es que la realidad supera de lejos a la ficción. Y la realidad no se puede cambiar con el mando a distancia, hay que vivirla. Y nos preguntamos ¿que les pasa a nuestros jóvenes que no aguantan nada? Y siendo más espectadores quedamos fijándonos más en la vida de los otros que en la nuestra misma, con los consecuentes riesgos. Usualmente existían los chismes, del barrio, de la casa, de donde fuere. Ahora los chismes son de personajes inventados, de la farándula o del deporte. Magnificas distracciones para no estar pendientes de nosotros mismos. En mi opinión no es ninguna casualidad que las horas de máxima audiencia tengan los programas que tienen, como Factor X, Gran Hermano, La Isla de los Famosos, el fútbol y demás. Todos esos modelos exacerbados para que nos sirvan de guía y para que podamos distraernos de nosotros mismos. Modelos sin apenas rastro de grandes virtudes, como el sacrificio, la humildad, o la generosidad.
En Internet la cantidad de información es brutal, lo cual no quiere decir que sea toda cierta, ni toda positiva. En si, a mi modo de ver, es uno de los medios de comunicación donde uno se puede mover con más libertad, y con más posibilidades. Pero se necesita acercarse a él de un modo crítico. De esta manera, google no puede ser el oráculo que guíe nuestras conductas. Y como en la televisión se corre el riesgo de perderse en vorágines de imágenes. A pesar de los años de evolución a menudo olvidamos que somos seres bien visuales que nos anonadamos con facilidad con formas en movimiento y con sonidos.
A partir de todos estos medios sabemos que las guerras siguen dándose y los noticiarios las siguen tratando con ese dramatismo irrealista. Nos llegan como cifras impersonales con imágenes impactantes que acabamos banalizando. Pero en el trasfondo se siguen planteando la violencia como un medio legítimo y normalizado de solución de los problemas. La relación con el cine es clara y preocupante, especialmente con el que aprueba Hollywood. La información llega como siempre de forma parcial, y es que el que informa siempre distorsiona. Por que si lo hacemos nosotros mismos en nuestro día a día porque los medios de comunicación deberían ser veraces. Y esto es bien fácil de comprobar, si vivió un suceso que sale en el noticiario, compare lo que pasó con como lo plantean. Las palabras son nuestro gran don pero también son engañosas. Dentro de las noticias la realidad se acostumbra a perder o distorsionar en un mar de eufemismos. Además que con la influencia que desencadenan, la misma realidad acaba viéndose de otra manera. Por ejemplo, el término “violencia de género”, tan aparentemente inocuo hace que se criminalice a cualquier hombre que agrede una mujer, obviando el contexto o las maneras. No es lo mismo un hombre alcohólico que maltrata a su mujer y la acaba matando, que un hombre harto de ser maltratado acaba matando por desesperación.
Dentro de este contexto donde lo que más es uno en la sociedad es espectador o consumidor, el sentido de la vida se va desvaneciendo. Ya no se siguen las grandes religiones, y de seguirles siempre parece acechar ese peligro del fanatismo. Pero al menos quién cree en una religión cree en algo. Más bien ahora se siguen esos modelos estéticos o deportivos, que son conocidos por su pedantería o su habilidad deportiva más que por sus valores o su ética. Son verdaderamente modelos fáciles de seguir, más apariencia que interior. Ya no existen los dioses más que como estampas de lo que fueron. Si bien es cierto que en esta perdida de sentido, estamos buscando nuevos sentidos en religiones o filosofías remotas como el budismo o el chamanismo. Pero muchas veces el acercamiento a estas es más una opción estética, un manera de ocio o el mero goce del exotismo. Se pierde el sentido de metas más allá de la pura satisfacción de nuestros sentidos elementales, dejando la espiritualidad a un lado.
Y en el trasfondo de todo esto hay un miedo aterrador a la muerte. Miedo que lleva a encarar lo antiguo con un porte altivo, dejarlo de lado, las antiguas tradiciones y hasta los mismos antiguos, es decir las personas mayores. Los viejos son vistos como ya inservibles en un mundo que se mueve deprisa. Y si molestan mejor ir apartándolos de la vista. Es bien notable en esa proliferación de residencias geriátricas. Con eso uno mismo se corta sus propias raíces, ya no quiere conocer que pasó antes de él nacer en el seno de su propia familia, en su ciudad o en su país. Lo que antaño era la sabiduría más importante de una familia o de un grupo, ahora son historias de viejo que ya no sirven, porque hay programas en la televisión más interesantes, porque esta el fútbol y porque está la tecnología. Así que lo importante es lo moderno y lo moderno es lo nuevo que día a día no deja de aparecer. Entonces parece como si lo más importante es estar al día, de la tecnología, de la ciencia, de las películas que se lanzan, etc... Y vivir en esa eterna infancia de goces inmediatos y rápidos hasta que dejamos de servir porque se nos escapan los pedos, babeamos, dejamos de ver bien o ya somos unos lentorros empedernidos.
Tanta tecnología electrodoméstico y facilidades al final se siente uno bien electrodomesticado. Es decir, que como que ya todo se lo hacen las máquinas cada vez se hace menos. Me gusta no olvidarme que una de las cosas que nos distingue de los animales es nuestra habilidad con las extremidades superiores, y es que por algo somos bípedos. Y hasta eso se va olvidando, por que cada vez se estila menos el andar. Si la evolución nos ha llevado a andar sobre dos piernas, a este paso se nos hará más grande el culo de movernos sentados en un coche. Igual ocurre con otras habilidades algunas ya bien olvidadas y otras en vías de extinción. Así pasa con el cocinar, hay tantas facilidades para no más calentar comidas prefabricadas, o para orientarse con esas vocecitas de GPS, que al final lo que eran habilidades desarrolladas por años en nuestros cerebros se acabara convirtiendo en inútil. .Pasando al mundo laboral se ve hasta que punto la racionalidad puede ser perjudicial. La estrechez de horario y la separación entre el trabajo y la vida social y familiar. De manera que cada vez resulta más difícil conjugarlo abocándonos a una soledad angustiosa. Y si a ello sumamos la incorporación de la mujer al mundo laboral, o sea de la persona encargada tradicionalmente de cuidar y educar a los niños, pues mucho peor. Y no es que diga que la mujer no tenga que trabajar, al contrario, más bien que tanto ellas como ellos vivirían más saludablemente si el mundo laboral se conjugara más y mejor con el resto de esferas de su vida. Que diferente es el mundo del trabajo a como trabajaban los artesanos antiguamente con los talleres cerca de su familia y cuyo trabajo tenía una estrecha relación con la cotidianidad de la comunidad como las fiestas religiosas. Y ¿es esa la ventaja del progreso? Se dificulta la educación de los niños, y hablo de la educación informal, la de casa. Cada vez es esa aparentemente ingenua televisión quien se encarga amablemente.
Y con este estado del trabajo y ya tratando de recopilar alguno de los puntos anteriores quisiera mencionar de pasada las enfermedades psicológicas actuales. Estrés, depresión, ansiedad y trastornos de la alimentación. Adaptarse a una sociedad que en muchas cosas está enferma significa obviamente enfermarse. Alguien bien trabajador en nuestros tiempos es alguien bien estresado y bien ansioso. Así que es importante tener en cuenta los comportamientos marginales para adelantar bien de solución. Es decir artistas, los erróneamente llamados locos, etc...
Muchos de esos trabajos no tienen respeto ninguno por la naturaleza. Y como tantas otras cosas los hacemos por la pura fuerza de la inercia. De manera que la contaminación es tan corriente que ya estamos bien acostumbrados. Acostumbrados a no disponer de los ríos, a convivir con el plástico, a vivir bajo esas nubes grises de las ciudades y otro largo etcétera. Especialmente con el plástico pienso que nuestras rutinas diarias tienen mucho que ver. Comprar esos productos manufacturados donde cada elemento tiene un trozo de plástico es la apuesta más firme por seguir llenando el mundo de plásticos que vuelan y flotan por largo largo tiempo.
Y los líderes visibles y no tanto, pues a ellos si se les tiene que criticar no es como eso malvados explotadores. Para mi son los que más metiditos están en este sistema de contaminación, apariencia y de perdida de sentido. Muchos de ellos tienen todo lo que se supone que forma la receta de la felicidad y ¿son felices? Rodeados de guardaespaldas a cada movimiento, viviendo entre los muros de sus propias prisiones de mármol y obras de arte, consumiendo y consumiendo. Lo fácil siempre es culparlos a ellos. Al final es uno mismo el que se deja engañar y es mejor no escudarse en inventadas cabezas de turco.
Se habla también de cambios en el género que sería como esa vivencia de las diferencias biológicas del sexo. Sobre todo en el caso del género femenino esto se ve con orgullo. Y es cierto que ha habido grandes mejoras al respecto, como la posibilidad de que las mujeres voten o la protección jurídica de la que gozan en la actualidad. Pero no todo es tan positivo. A mi modo de ver, se está dando un cambio en los géneros, pero cada uno está cogiendo lo peor del otro. Las mujeres están aprendiendo ese afán sin sentimiento de otorgar al trabajo (despersonalizado) el núcleo de la vida, el egoísmo desmesurado, la violencia con que se trata uno a si mismo y a los demás... Y los hombres los cuidados estéticos o el narcisismo enfermizo. Como pasando por alto cosas tan evidentes como que la mujer tiene el don de procrear con lo que tiene una tendencia natural hacia ciertos hábitos. Y que el hombre segrega más testosterona con lo que tiene una inclinación natural hacia las actividades físicas y si no lo hace la violencia queda hasta que explota. Me atrevería a decir que estos cambios no son azarosos, por que convierte a ambos géneros en mucho más consumistas. Y aún iría más lejos para decir que también tiene que ver con el aumento de la violencia respecto a las mujeres. En la perdida de identidad de género del hombre, su violencia se está convirtiendo en una forma de reivindicación, como para lo mujer no tener hijos.
Visto de esta manera espero que sea fácil de entender que la libertad es bien ilusoria. No soy libre cuando me subo al coche nuevo que me compré me viene misteriosamente a la memoria el anuncio del carro que curiosamente me vende implícitamente esa sensación ilusoria de libertad. O porque cuando bebo coca-cola me pasa similar. La libertad más bien hay que ejercerla con fuerza y a menudo yendo contracorriente. Y además de libertad, también esta en serio peligro de extinción la más grande de nuestras virtudes, la conciencia. Si es que somos humanos es porque podemos ser concientes de nosotros mismos, como un ente físico pero sobre todo espiritual y no quedarnos en la mera satisfacción de las necesidades básicas (comer, beber, vestir o dormir). Y en el desarrollo de esa conciencia está una satisfacción mucha más duradera, aunque menos intensa. Seguramente no es necesario que todos nosotros lleguemos a una conciencia superior, a rozar ese nirvana de que hablan los budistas, pero ser más concientes de nosotros mismos ayuda a que veamos nuestras virtudes y flaquezas, que sepamos tolerarlas en los demás y mejora la convivencia con nosotros mismos y el resto de las personas. Además, obviamente, nos previene para no ser veletas que se mueven en las direcciones que soplan las corrientes consumistas.
Es lógico que la droga sea un gran problema en nuestros tiempos. Primero que se ha sacado totalmente de su contexto ritual, que entre otras cosas servia de control. Y segundo que sirve perfectamente en una sociedad de ocio efímero. Uno de los ejemplos más claros es la cocaína. En su contexto primario, servia como energizante en terrenos tan hostiles como los Andes. Ritualizada y reservada para momentos concretos y para personas concretas también. Y tratada como lo que es, una planta bien poderosa. Actualmente se purifica y luego se embrutece con sustancias bien dañinas para aumentar el rendimiento económico que se le puede sacar. Se usa de forma recreativa o para aumentar la rapidez en la rapidez de una sociedad bien rápida. Su consumo reiterado se puede dar con facilidad porque no solo es que no haya un control ritual, si no que los efectos que produce son bien deseables en nuestra sociedad. Aumento del habla, de la seguridad en uno mismo y rapidez. Pero también tiene esos efectos colaterales, básicamente ese cambio de conducta hacia el egoísmo, la desconfianza de los demás, el aumento de la violencia y la perdida de sentido cuando ya no se tiene. Hasta algunos de estos problemas son positivos en según que contextos.
Una vez hecho este pequeño análisis del momento actual, afortunadamente en crisis, quisiera dedicarme brevemente a lo que yo pienso que son formas de mejora o de cambio. En primer lugar y lo más importante, el cambio de este mundo implica ante todo una revolución individual. Y ya no entendiendo revolución como algo sangriento o violento, aunque obvio que si como un cambio brusco. Sería más bien un cambiar nuestras conductas cotidianas Ni que sólo cambiáramos cada uno de nosotros un pequeño comportamiento diario los cambios se multiplicarían de manera exponencial. La revolución pasaría por ser algo individual, cotidiano y sostenido en el día a día de cada uno. Eso no quiere decir que no se pueda compartir. Por ejemplo, dejar de consumir productos de dudoso origen, o lavar los platos sin dejar el grifo encendido. Lógicamente se puede compartir, para que cada uno vaya cambiando, pero primero lo tendría que hacer uno mismo.
Dentro de esta revolución diaria un papel esencial lo tiene la conciencia de nosotros mismos, de nuestras virtudes y defectos. Recorrer un camino de crecimiento y de equilibrio de todas las facetas de nuestro ser. Salir de los meros goces corporales y poder tener un sentido en la vida. Esto no quiere decir que levitáramos todos, solo un sentido que nos proteja del devaneo continuo de tener que estar consumiendo cosas materiales para tratar de ser felices. Cuando uno es mínimamente consciente de si mismo averigua cuales son las cosas que realmente le llenan, cual es su vocación, donde se siente realizado y movilizando todas sus virtudes. El camino es fácil aunque los obstáculos pueden ser múltiples. Las nuevas espiritualidades pueden ayudar, por supuesto. Y afortunadamente están dándose más y más, pero se requiere de cambios en las conductas concretas, como reducir el tiempo de ver televisión, reducir el número de actividades, o conversar más con nuestros prójimos. La verdad es que no hay una sola verdad. Eso es cierto dentro de nosotros mismos, pues mucho más en nuestra convivencia. Llegar a esa conclusión requiere de un trabajo de reflexión. Pero mientras más lleguen a esa conclusión el mundo será un lugar mucho más pacífico. Izquierda-derecha, barcelona-madrid, buenos y malos, españoles-italianos, americanos-europeos, hombres-mujeres. Dualidades que al final resultan absurdas pero que justifican miles de conflictos en nosotros mismos y con los demás. En cada hombre existe lo peor y lo mejor de la humanidad. El gran inventor y el asesino más despiadado viven dentro de nosotros, el loco más elegante y el cuerdo más aburrido están en nuestro interior. De manera que mejor resolvemos eso en nosotros mismos y luego el trato con los demás va a ser más afable. Eso es mejor que vivir herméticamente con nosotros mismos e ir criticando a los demás por cosas que nosotros mismos hacemos, pensamos o sentimos.
Otro aspecto que se puede cambiar es lo ecológico. Tratar de consumir menos productos que tienen tanto plástico, dejar de lado los productos de las grandes empresas y empezar a consumir productos más locales menos variados con menos colores pero de los que conocemos la procedencia. Tampoco esta de más recuperar nuestras habilidades manuales, para directamente tener que comprar menos y poder reciclar nosotros mismos las cosas que de otra manera llenan nuestros basureros y que serían perfectamente recuperables. Gastar menos agua, mejorando la manera de fregar los platos, recortando los tiempos en la ducha. El agua no es por magia que sale del grifo, lleva todo un elaborado proceso y es un bien preciadísimo. Estos cambios mismo requieren igualmente de una conciencia, conciencia de que son necesarios y de que con nuestros actos decidimos hacía donde se decanta el mundo. Sin 20 de nosotros recorta el consumo de coca-cola a dos terceras partes en el año, durante varios años, se ha de notar por fuerza.
Dentro de estas mini revoluciones individuales existe la posibilidad de recuperar actitudes y maneras antiguas, porque lejos de lo que parece darnos a entender el sistema imperante, lo viejo puede ser bien positivo. De esta manera, existió una vez una economía llamada trueque. Este sistema no implica el intercambio de dinero, con lo que evita los problemas actuales debido a inflación, precio del dinero y demás conceptos, que olvidamos que son inventados. Yendo a lo viejo también se puede recordar que fácil se puede vivir sin tantas lujos, lujos que implican un sobreesfuerzo enorme o un endeudamiento terrible. El invento del crédito ha hecho que nuestra capacidad de consumo sea brutal, dilatando el tiempo de pago. Aún dentro de lo viejo, un repaso crítico a toda la historia de la humanidad hace ver que los grandes héroes o los grandes personajes responden más a nuestra necesidad de glorificar a alguien para tener algo dentrito nuestro que este cerca de la gloria que a la realidad. Hablamos de los grandes imperios, de sus reyes cercanos a dioses, de los grandes revolucionarios, de los grandes arquitectos y así. Pero es bien evidente que los grandes logros de la humanidad son logros colectivos. O es que las pirámides de las civilizaciones mayas o egipcias las construían los reyes. Conjugando nuestras fuerzas, trabajando colectivamente en familia o en grupo se consiguen mejores cosas y más rápido, con el valor añadido de que en la convivencia cuya resolución nos regala mejores relaciones. No estaría de más recuperar ese aunamiento de fuerzas, esa colectividad que pone un poquito de freno al individualismo dañino de nuestras modernas sociedades que al final nos lleva a unas angustiantes soledades. Claro que se necesitaban cabezas pensantes. Pero hasta en eso se puede aprender de lo antiguo. Los grandes líderes eran los que hacían mayores sacrificios, en primer lugar preparándose desde bien pequeños, para ser chamanes, para construir, para hacer sus artesanías o para gobernar. La llegada de la nobleza y de la burguesía ha hecho que los que manden no sean los que tienen mejores actitudes, si no los que tienen más plata o vienen de una familia poderosa. Por ejemplo en Kuna Yala, la provincia indígena independiente de Panamá, para la elección de los líderes existe la metáfora del tronco principal que sostiene sus cabañas. Ese tronco tiene que ser recto para que no lo tire el viento y el puro corazón de un árbol para que no se lo coman los insectos. Esta metáfora sirve para que el consejo de ancianos vayan eligiendo a los futuros líderes. Es decir los líderes no se eligen ellos, los eligen los ancianos. No es que esta forma sea la mejor, pero si es una alternativa a tener en cuenta. Y así ocurre con otras “antigüedades” cercanas o más remotas, que poco a poco se van a ir extinguiendo en la influencia uniformadora de este sistema. Sistema, recuerdo, que hace aguas y aún cayendo sigue criticando lo antiguo. Y es que ¿podemos criticar a los indios que viven en el Amazonas, que durante siglos han sostenido una sincronía adecuada con su medio, sobreviviendo y extrayendo de él tan solo lo que necesitaban? Y nos es que los indígenas sean mejores. Lo que digo es que extrayendo lo mejor de cada modo de vida de los existentes hasta ahora, podemos hacer de este mundo un lugar mejor, mejor cuidado, donde se conviva mejor y sobre todo que podamos pasar un mejor legado a todas las generaciones venideras, nuestros hijos, nietos y bisnietos. Y ¿por que no empezar ahora? Gracias a esta estimada crisis se abren nuevas puertas.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ramón solo recuerda aquellos tiempos de bonanza, aquel resplandor del pueblo por los relatos que le contaba su abuelo, recuerda como había empleo y el pueblo crecía a un ritmo veloz, el como la plaza se llenaba los domingos por las tardes y que era el cuando las jovencitas, las hijas de los mineros provenientes de otros pueblos salían a “dar la vuelta”, no lo hacían con mucho entusiasmo, el pueblo estaba en ciernes no había mucho que hacer, apenas y había unos pocos puestitos donde comprar algo para merendar, y aunque había muchos jóvenes casi todos ellos pasaban la mayor parte del tiempo en la mina.

Lo que si había eran cantinas y pulquerías; donde hubiera un montón de hombres de aspecto rudo trabajando mas de 12 horas al día había también algún establecimiento dedicado a abastecer de líquido a tanto trabajador sediento. Y con el montón de hombres ebrios venían los problemas: los pleitos eran comunes y el ver hombres ebrios tirados por la calle era el pan de cada día. No pareciera ser un lugar donde vivir con la familia pero el empleo escaseaba en otros lados y ahí los tiempos parecían buenos para ganar algo de dinero.

Estuvo el pueblo repleto de trabajadores nómadas que iban de pueblo en pueblo buscando mejores condiciones, había algunos que duraban en cada lugar unos 2 o 3 años y enseguida se movían, acostumbrados a la movilidad no se empeñaban en tener lazos con las demás personas, vivían para ellos mismos, incluso en sus casas había cierto ambiente de austeridad, con solo lo necesario, nada que tuviera algún rastro de nostalgia, todo liviano, fácil de mover, nada lo suficientemente arraigado en donde asirse para echar raíz.

El trabajo en la mina fue prometedor aunque no por mucho tiempo, después de unos cuantos años la veta se agoto o por lo menos quedó inaccesible para los rudimentarios métodos de aquellos días, el pueblo quedo desierto con una rapidez impresionante -en este lugar el agua escaseaba, el clima era muy árido y lo único atractivo que tenía era el trabajo que daba la mina, al acabarse éste se acabaron también las actividades adyacentes-. Solo quedaron los anuncios colgados por arriba de las puertas.

Las calles ahora limpias de borrachos dormidos en las calles, de los ríos de orines que recorrían las callejuelas del pueblo por las noche, limpias también de negocios prometedores, de niños en escuelas y misas de domingo abarrotadas.

Sólo se quedaron los que habían estado ahí desde siempre, la falta de empleo no los asustaba, estaban acostumbrados a vérselas difícil, al acabar la abundancia, rápidamente se adaptaron a la austeridad de los tiempos pasados, a la escuela de 10 niños y un maestro, a las misas vacías, incluso al párroco le volvió la tristeza a su semblante, se diría que hasta los santos guardianes del templo perdieron el brillo de aquellos días.

El abuelo de Ramón fue uno de ellos, se quedo estoico ante las circunstancias, viendo como su pueblo antes pobre después próspero y ahora de nuevo desolado, poco a poco cedía a la voluntad del viento y el polvo, de la soledad y el abandono.

Así como su abuelo el padre de ramón fue de raíces mas fuertes que la necesidad y se quedó ahí también en su pueblo quieto, incluso ya de muerto el abuelo cuando no pareciera tener sentido alguno permanecer ahí (si es que alguna vez lo tuvo) él prefirió quedarse ahí en su tierra, que si bien siempre le fue ingrata, era su tierra y ahí creía que debía morir.

Ramón también se quedaría, no por algún sentimiento de arraigo hacia ese lugar, mas bien lo hizo por indiferencia, la misma indiferencia que lo había acompañado durante toda su vida. Su tierra infértil que desde siempre le había dado la espalda, su pueblo que lo abandonó desde hace mucho, su gobierno que desde siempre lo ignoró estando su pueblo a la sombra de la vecina capital.

Sin convicciones mas que la de vivir al día, comer algo y tener para beber mucho, mucho licor; no bebía para olvidar, sus recuerdos se fundían en uno solo; monótono y bicolor como en blanco y negro, como una fotografía de esas antiguas como cubiertas por una fina tela de polvo, de un tono ámbar por las orillas, de esas que por si mismas evocan aires antiguos y emanan nostalgia, bebía mas bien para poder dormir sin soñar, que los sueños hacen mal a lo hombres que no pueden permitirse la luz de la esperanza en su vida, por que a la vuelta de la esperanza esta la desilusión, misma que caería como burla al ya de por sí desesperanzador porvenir.

Ramón trabajaba con su padre de jornalero en el pueblo cercano de “Las puertas” a unos 5 kilómetros de su pueblo, todos los días se levantaba temprano con resaca o sin ella y caminaba todo el trayecto hasta las parcelas de esa tierra fértil, tierra blanda fácil de arar.

El padre de ramón se la pasa hablando sobre como seria su pueblo si hubiera este tipo de tierra en vez de la tierra dura llena de piedras del pueblo, Ramón hacía oídos sordos porque ya se sabía de memoria la perorata de su padre, pero de vez en vez le contestaba con el argumento de que de nada serviría esta tierra si no llueve o si no hay como mínimo forma de irrigarla, a lo cual el padre ante la imposibilidad de sus deseos solo hacía una mueca de disgusto y levanta la vista al cielo como si la cantaleta de todos los días fueran oraciones y pidiera el favor divino.

Así transcurrían los días, del pueblo a las jornadas, de las jornadas a la cantina y de la cantina al pueblo mientras había trabajo en el campo los demás meses del año cazaban armadillos para venderlos igual que con las serpientes solo que a estas las mataban para vender su piel y comer su carne, no ganaban mucho estos eran los tiempos flacos.

Un buen día (o malo) de repente el pueblo se vio en ebullición otra vez, pero esta vez no eran comerciantes los que rompían el silencio anunciando sus productos, ni ruido de borrachos peleando en la calle o perros ladrándole a la muchedumbre, tampoco las campanas de la iglesia repicaban de nuevo, ahora lo que alteraba la quietud del pueblo era una multitud de jóvenes de pinta estudiantil marchando hacia la plaza.

Ramón vio las mantas que llevaban estos jóvenes, pero no entendía las consignas llenas de exigencias sobre protecciones y salvaciones para su pueblo; en un principio porque no estaba enterado de las noticias, al enterarse vino su más fuerte duda: ¿Por qué parecía importarles tanto el bienestar de su antiquísimo y olvidado pueblo?, ¿por qué ahora y no antes?, tanto tiempo de olvido y marginación y hasta ahora había alguien dispuesto a ayudarlos, le extrañaba y más siendo que nadie había pedido su ayuda.

Ramón supuso que esto le vendría bien al pueblo, que si bien las consignas en contra de una minera transnacional que al parecer sus intenciones de explotar el mineral supondrían un eminente riesgo hacia el pueblo además de contaminar a través de las filtraciones del agua los mantos subterráneos que alimentan a la capital de agua, al final de cuentas habría cierta atención hacia las carencias del poblado, no es que le importara tanto, no es que limosneara ayuda, solo que no podía ignorarlo; todo pasaba en sus propias narices, era lógico hacerse esas preguntas, incluso llegó a pensar a ofrecer esas pieles de serpiente que vendía en aquellos tiempos flacos.

Se pregunto después: ¿Qué de malo tenía que llegara esa compañía minera? que ahora que se ha enterado que esa compañía invertiría en construir caminos e infraestructura de utilidad para todo el poblado pues no le parecía tan mala idea, que tal vez hasta un empleo le podrían dar, el conocía bien el terreno y sería de utilidad, incluso se aventuro a imaginar que en un caso su madre podría cocinar para los trabajadores que ahí estuvieran.

No pasaba mucho tiempo pensando en esas cosas, mientras tuviera trabajo en las jornadas no le importaba mucho, que si bien si guardaba cierto recelo de estos “manifestantes protectores de la tierra y patrimonios culturales” solo lo veía como una oportunidad en caso de que se vinieran tiempos difíciles.

Serían acaso premonitorios los pensamientos de Ramón que al paso del tiempo dejó de trabajar en las jornadas, bueno no solo el, sino todos sus compañeros incluido su padre, la cosa se puso mal, querían linchar al capataz, pobre, aunque no pasó a mayores si le dejaron uno que otro moretón en eso del forcejeo. Poco después se entero por rumores en el pueblo de Las puertas que su patrón vendió las tierras a la multinacional, que ahí construirían algo como un almacén para maquinarias y demás cosas que utilizarán.

Y así se vinieron los tiempos difíciles, Ramón tranquilizaba a su padre en sus momentos de desesperación -mira ya como construyeron el puente, verás como nos dan chamba o en todo caso hasta un negocito ponemos, con tanto trabajador: clientela segura verás- el señor se tranquilizaba un poco, y aun con cierta desesperanza decía:

-Pus nada más que los dejen trabajar todos esos manifestantes-,

-vas a ver que pronto se van ese hijos de su puta madre, que mejor deberían de ponerse a trabajar cabrones huevones.

En Ramón ya no había recelo hacia los manifestantes ya había un profundo resentimiento, y más después de aquel día en que sin mas por hacer y ya casi sin dinero que Ramón fue ofreciendo sus pieles de serpientes a los manifestantes.

Pinche inconsciente fue lo menos soez que le gritaron entre todo ese mar de insultos, se escuchó algún patán, muchos chingas a tu madre, varios pendejos.

Pinches fresitas putos -dijo Ramón a su padre al contar lo sucedido- que ya los quería ver a los cabrones viviendo aquí todos los días a ver si muy chingones, que se fueran a la chingada a sus casas elegantes que aquí nadie los había llamado.

El dinero nunca fue mucho y la espera se había alargado, si bien los manifestantes no se habían ido, la minera tampoco les había contestado sus solicitudes de trabajo, que vamos hasta siendo empleados de limpieza se daban por satisfechos, ya estaban pensando que no los contratarían si bien la esperanza muere al último, los ruidos de maquinas en las noches les confirmaban que estaban trabajando la mina aún con las protestas todavía en marcha.

La esperanza la abandonaron al poco tiempo, por un lado al enterarse que aquellas tierras donde antes trabajaban no fueron destinadas solo a un almacén sino también en condominios para albergar a lo trabajadores de la mina, además que se dieron cuenta que ese puente no les era de mínima utilidad, ellos no tenía carro, de ¿que les servía un bonito puente de concreto?, simplemente no fue hecho para ellos.

El dinero se casi se acababa, solo quedaba el suficiente para hacer lo que todos ya habían hecho y que ellos en su necedad no lo hicieron, siguieron así el camino que los demás ya habían tomado, se fueron por la sendera que conduce al norte, había que ir ligero, se dejaron mesas y muebles que parecieron haber sido clavados al suelo para quedarse ahí por siempre.

Al irse del pueblo pasaron por donde los manifestantes quienes aventaban huevos a una camioneta con la calca de la minera sólo algunos vieron la retirada, los demás indiferentes a la huida del espíritu de pueblo que se marchaba para no volver. El padre de Ramón pasó de largo, cabizbajo arrastrando el paso como queriendo llamar la atención, como culpándolos, recerca lo seguía su mujer. Ramón siguió varios metros detrás de sus viejos, callado avanzando lento y dirigiendo miradas de fuego y dibujando con la boca un chinguen a su madre a los manifestantes indiferentes a la huída de Ramón.

Y así se fueron lentamente caminando, volteando de vez en vez como esperando que aquel pueblo suyo, al ver partir a sus hijos, les convenciera de quedarse a cambio de resarcir todo los inconvenientes, de disculparse por toda la indiferencia mostrada a aquellos que lo quisieron tanto. Pero aquel laberinto de calles empedradas y edificios de piedra permanecería inmóvil quieto, estoico ante la partida de su gente, de su alma diría yo, que es un pueblo sin gente sino un pueblo sin alma.

Por que al final, cuando los demás regresen a sus casas elegantes y el asunto se de por perdido y olvidado solo el viento y la tierra permanecerán ahí, llevándose en cada ventisca un poco de lo que era ese pueblo antes en auge ahora abandonado, los muros de las casa poco a poco se desmoronará por esa falta de humedad que les daba cohesión, humedad que día a día transpiraron los mineros al final de un duro día de trabajo. Los muros que fueron levantados a causa de la mina y que ahora secos de habitantes la propia mina reclamaría a volver a sus cimientos hacerlos parte de ella otra vez y quedar sepultados en la memoria de quienes ahí vivieron.


Jorge, México