ESTIMADA CRISIS (reflexiones desde el centro del mundo)
Por todas partes se escucha esa alarma de la crisis mundial. Un momento crítico bien real y dadas las interrelaciones existentes incluso con los confines más remotos de nuestro planeta, una situación bien globalizada. Si bien, como dice el dicho, “no hay mal que por bien no venga”. Así opino yo precisamente con este momento de la historia. La crisis mundial supone un cuestionamiento del sistema económico imperante, y de ahí de todo lo que se deriva. Es decir, la política, la forma en que se ordenan las sociedades, los hábitos diarios de cada uno de nosotros, el mundo laboral, el ocio, la cultura, etc... De esta manera con este ensayo pretendo analizar la situación actual en base a algunos puntos que considero cruciales. Tomando como referencia el llamado primer mundo, ya que es el pretendido modelo a seguir por el resto del mundo. Tras el retrato, obviamente crítico, voy a plantear algunas soluciones. Propuestas que no son mías propiamente, si no más bien han ido, de alguna manera recalando en mí. Pero antes de entrar en el presente y algunas vías de solución, quisiera hacer mi propia y caprichosa excursión histórica a modo de introducción. Ahí va.
La base de la idea organizativa de las sociedades actuales viene de la antigua Europa. Ésta, a su vez deriva del mundo greco-romano. Sin entrar al detalle, quisiera detenerme no más en la idea de democracia. Esa forma de hacer política se supone bien diferenciada de las autocracias (donde sólo manda uno) o las anarquías (donde no manda nadie). Democracia, quiere decir “el pueblo manda”. Viene de la sociedad griega, donde las decisiones se tomaban en reuniones abiertas al pueblo. Así visto es bien bello. Pero no hay que olvidar que esa democracia se daba en una sociedad donde había esclavos, que no tenían ni voz ni voto. Y que tampoco las mujeres tenían tanto que decir. La democracia ya tenía sus fallas. Me pregunto ¿cuanto de esto perdura hasta nuestros días?
Bien, siguiendo con este paseo por el tiempo llegamos a las colonizaciones. La más importante fue la que hubo tras descubrir el continente que luego se llamaría América. También un momento de crisis, esta vez de las monarquías y de la iglesia. El encuentro con el nuevo mundo, lejos de ser contemplado como un enriquecimiento cultural mutuo, o un punto de partida para revisar el punto de vista propio sobre el mundo, la religión, o la naturaleza, se ve como una oportunidad de enriquecimiento y una reafirmación violenta de los propios valores. América era el paraíso y sus habitantes se veían más como animales molestos que como hermanos. Desde ahí todos conocen la historia de saqueos, engaños, violencia, violaciones, enfermedades, esclavización, etc... Y así ha seguido siendo con las diferentes colonizaciones que se fueron dando después en este continente y en los demás que son el tercer mundo actual. Siempre la pretendida superioridad moral y técnica que se usa como excusa para la libre y despiadada explotación de la tierra y sus habitantes. Apenas como una herencia viva de una antigüedad remota. ¿Y cuanto de esto perdura en nuestros días?
Luego llegó la revolución industrial. Prefiero llamarla Involución Industrial. Las mejoras en la tecnología y en los transportes hacen que se mejore exponencialmente los sistemas de producción y el comercio. Nacen las fábricas, los locos horarios interminables y se despersonaliza el trabajo que cada vez va yendo más cerca de la robotización. Ahí nace el capitalismo, donde lo que importa fundamentalmente en el mundo es el comercio y como dice su propio nombre el capital. Se empiezan también a tejer las enrevesadas redes comerciales entre diferentes países. El germen para el mundo actual donde la materia prima viene de un país del tercer mundo, se produce en otro donde las restricciones en la producción no son tan estrictas y se vende en el primer mundo. Es el inicio también para los peores daños al medio ambiente, sin duda alguna.
Y para acabar este azaroso recorrido histórico, sin ser propiamente un momento histórico, hablaré de la ciencia. Poco a poco, la ciencia ha ido ganando terreno como modelo explicativo del mundo, por encima de religiones o explicaciones mágicas. A partir de la tecnología y del control de la naturaleza ha ido creciendo su poder de forma que los gobernantes de cada momento la quieren tener de su lado. Explica el origen del mundo, multiplica nuestra velocidad de movimiento, nos hace supuestamente la vida más cómoda, crea medicaciones para casi todo, nos ordena la vida, nos analiza la cotidianeidad, mejora el armamento para que nos matemos mejor y más rápido, y un largo etcétera. La verdad es que la ciencia nos cobra una factura bien alta, sobre todo llevada como hasta ahora, siempre siguiendo el dictado del devorador progreso, que quiere someter a la naturaleza a toda costa. Cuando digo naturaleza digo ríos para obtener energía y así poder tener luz a todas horas, y digo nuestros propios cuerpos para tener el aspecto deseado, digo el ritmo de crecimiento de las plantas y digo la naturaleza de la reproducción natural o incluso el modo con las avanzadas investigaciones acerca de la clonación. Además de eso, para mi también es bien grave que se hayan desplazado otros sistemas de explicación del mundo, menos precisos pero también más humanos. Como los cuentos o las leyendas, que dejando de lado si son más o menos reales, llevan implícitas lecciones de moralidad y de valores que en la ciencia están ausentes. Además de que usualmente son los ancianos los que las guardan.
Hecha esta revisión histórica pasamos al retrato de actualidad. Vivimos en un mundo donde los medios de comunicación tienen una presencia sencilla pero influyente. No es ninguna novedad que lo diga. Es fácil en cualquier hogar tener una televisión, la prensa y las revistas son de fácil acceso, así como internet y la radio. Eso supone miles de mensajes, miles de imágenes, miles de colores en cualquier rato. Tantos años de progreso y al final aún resultamos animales fácilmente asombrables con este tipo de estímulos. Uno se acerca a ellos con la ingenua idea de que es libre y que agarra lo que quiere. Especialmente con la televisión, nada esta más lejos de la realidad. Un bombardeo de miles de imágenes por segundo, imágenes pensadas para influir, para crear necesidades y ofrecer la solución para ellas, anula el raciocinio influyendo directamente en lo más irracional de nosotros mismos. Y lo irracional, ese lenguaje de los sueños o de las leyendas sigue teniendo un peso muy importante en nuestras decisiones rutinarias, a pesar de que pretendamos ser más y más racionales. La televisión fomenta el consumismo creando inquietudes cuyas soluciones ofrece también. Si no ¿para que habría anuncios?, si no ¿de que viviría la televisión? Igualmente el bombardeo de publicidades está en las mismas ciudades. Por todas las partes esa contaminación visual de carteles, neones y mensajes vendiendo un mundo idílico de hermosos cabellos, vidas prefabricadas, presencias imponentes gracias a carros brillantes, cuerpos esbeltos por beber alimentos con un refuerzo x, y así. La televisión, los medios de comunicación y la publicidad no son inocuos. Y dentro de los medios de comunicación, estaría el cine. Este arte deriva de la literatura y fundamentalmente de las representaciones teatrales. La tecnología aplicada ha permitido cambiar el formato y recrear fantasías inimaginables antaño. Es una forma de comunicación brutal. Como el resto de medios de comunicación, si se aplicara a la enseñanza, a la prevención de guerras o a aspectos parecidos este planeta sería un lugar bien diferente. Pero no es así. Además, como suele ocurrir, los caminos fáciles no son los mejores. Por poner otro ejemplo en las salas de cine y en los lugares donde alquilan películas, lo más fácil es ver una película de Hollywood. Películas cortadas por un patrón similar, reflejo de una forma concreta de ver el mundo. Metrajes de violencia, héroes que salvan al mundo gracias al sacrificio de sus propios sentimientos, sabidos de destinos que llevan por ese camino, violencias justificadas, explosiones, armamentos, persecuciones de coches, buenos y malos, y a los buenos siempre les está permitido hacer lo que sea para librar al mundo del mal (y esto suena bien real). Un entretenimiento puro y duro, una ficción sorprendentemente paralela a la realidad. Y así lleva siendo harto tiempo. De manera que sin enrojecerme me gustaría llamarlo colonización a partir del cine. Años de vender patrones de vida, que aún perduran. Las mismas televisiones pasan una y otra vez las mismas películas, talladas con similares modelos.
Además de que esa presencia fuerte del televisor en casa hace que cada vez seamos más espectadores de la vida que actores. Porque todo se puede ver desde el sofá de la casa. Hasta uno puede elegir a modo de medicación que verá, si humor, violencia, amor... Pequeñas satisfacciones al precio de que cada vez se le estrecha más a uno la visión del mundo. Y es que la realidad supera de lejos a la ficción. Y la realidad no se puede cambiar con el mando a distancia, hay que vivirla. Y nos preguntamos ¿que les pasa a nuestros jóvenes que no aguantan nada? Y siendo más espectadores quedamos fijándonos más en la vida de los otros que en la nuestra misma, con los consecuentes riesgos. Usualmente existían los chismes, del barrio, de la casa, de donde fuere. Ahora los chismes son de personajes inventados, de la farándula o del deporte. Magnificas distracciones para no estar pendientes de nosotros mismos. En mi opinión no es ninguna casualidad que las horas de máxima audiencia tengan los programas que tienen, como Factor X, Gran Hermano, La Isla de los Famosos, el fútbol y demás. Todos esos modelos exacerbados para que nos sirvan de guía y para que podamos distraernos de nosotros mismos. Modelos sin apenas rastro de grandes virtudes, como el sacrificio, la humildad, o la generosidad.
En Internet la cantidad de información es brutal, lo cual no quiere decir que sea toda cierta, ni toda positiva. En si, a mi modo de ver, es uno de los medios de comunicación donde uno se puede mover con más libertad, y con más posibilidades. Pero se necesita acercarse a él de un modo crítico. De esta manera, google no puede ser el oráculo que guíe nuestras conductas. Y como en la televisión se corre el riesgo de perderse en vorágines de imágenes. A pesar de los años de evolución a menudo olvidamos que somos seres bien visuales que nos anonadamos con facilidad con formas en movimiento y con sonidos.
A partir de todos estos medios sabemos que las guerras siguen dándose y los noticiarios las siguen tratando con ese dramatismo irrealista. Nos llegan como cifras impersonales con imágenes impactantes que acabamos banalizando. Pero en el trasfondo se siguen planteando la violencia como un medio legítimo y normalizado de solución de los problemas. La relación con el cine es clara y preocupante, especialmente con el que aprueba Hollywood. La información llega como siempre de forma parcial, y es que el que informa siempre distorsiona. Por que si lo hacemos nosotros mismos en nuestro día a día porque los medios de comunicación deberían ser veraces. Y esto es bien fácil de comprobar, si vivió un suceso que sale en el noticiario, compare lo que pasó con como lo plantean. Las palabras son nuestro gran don pero también son engañosas. Dentro de las noticias la realidad se acostumbra a perder o distorsionar en un mar de eufemismos. Además que con la influencia que desencadenan, la misma realidad acaba viéndose de otra manera. Por ejemplo, el término “violencia de género”, tan aparentemente inocuo hace que se criminalice a cualquier hombre que agrede una mujer, obviando el contexto o las maneras. No es lo mismo un hombre alcohólico que maltrata a su mujer y la acaba matando, que un hombre harto de ser maltratado acaba matando por desesperación.
Dentro de este contexto donde lo que más es uno en la sociedad es espectador o consumidor, el sentido de la vida se va desvaneciendo. Ya no se siguen las grandes religiones, y de seguirles siempre parece acechar ese peligro del fanatismo. Pero al menos quién cree en una religión cree en algo. Más bien ahora se siguen esos modelos estéticos o deportivos, que son conocidos por su pedantería o su habilidad deportiva más que por sus valores o su ética. Son verdaderamente modelos fáciles de seguir, más apariencia que interior. Ya no existen los dioses más que como estampas de lo que fueron. Si bien es cierto que en esta perdida de sentido, estamos buscando nuevos sentidos en religiones o filosofías remotas como el budismo o el chamanismo. Pero muchas veces el acercamiento a estas es más una opción estética, un manera de ocio o el mero goce del exotismo. Se pierde el sentido de metas más allá de la pura satisfacción de nuestros sentidos elementales, dejando la espiritualidad a un lado.
Y en el trasfondo de todo esto hay un miedo aterrador a la muerte. Miedo que lleva a encarar lo antiguo con un porte altivo, dejarlo de lado, las antiguas tradiciones y hasta los mismos antiguos, es decir las personas mayores. Los viejos son vistos como ya inservibles en un mundo que se mueve deprisa. Y si molestan mejor ir apartándolos de la vista. Es bien notable en esa proliferación de residencias geriátricas. Con eso uno mismo se corta sus propias raíces, ya no quiere conocer que pasó antes de él nacer en el seno de su propia familia, en su ciudad o en su país. Lo que antaño era la sabiduría más importante de una familia o de un grupo, ahora son historias de viejo que ya no sirven, porque hay programas en la televisión más interesantes, porque esta el fútbol y porque está la tecnología. Así que lo importante es lo moderno y lo moderno es lo nuevo que día a día no deja de aparecer. Entonces parece como si lo más importante es estar al día, de la tecnología, de la ciencia, de las películas que se lanzan, etc... Y vivir en esa eterna infancia de goces inmediatos y rápidos hasta que dejamos de servir porque se nos escapan los pedos, babeamos, dejamos de ver bien o ya somos unos lentorros empedernidos.
Tanta tecnología electrodoméstico y facilidades al final se siente uno bien electrodomesticado. Es decir, que como que ya todo se lo hacen las máquinas cada vez se hace menos. Me gusta no olvidarme que una de las cosas que nos distingue de los animales es nuestra habilidad con las extremidades superiores, y es que por algo somos bípedos. Y hasta eso se va olvidando, por que cada vez se estila menos el andar. Si la evolución nos ha llevado a andar sobre dos piernas, a este paso se nos hará más grande el culo de movernos sentados en un coche. Igual ocurre con otras habilidades algunas ya bien olvidadas y otras en vías de extinción. Así pasa con el cocinar, hay tantas facilidades para no más calentar comidas prefabricadas, o para orientarse con esas vocecitas de GPS, que al final lo que eran habilidades desarrolladas por años en nuestros cerebros se acabara convirtiendo en inútil. .Pasando al mundo laboral se ve hasta que punto la racionalidad puede ser perjudicial. La estrechez de horario y la separación entre el trabajo y la vida social y familiar. De manera que cada vez resulta más difícil conjugarlo abocándonos a una soledad angustiosa. Y si a ello sumamos la incorporación de la mujer al mundo laboral, o sea de la persona encargada tradicionalmente de cuidar y educar a los niños, pues mucho peor. Y no es que diga que la mujer no tenga que trabajar, al contrario, más bien que tanto ellas como ellos vivirían más saludablemente si el mundo laboral se conjugara más y mejor con el resto de esferas de su vida. Que diferente es el mundo del trabajo a como trabajaban los artesanos antiguamente con los talleres cerca de su familia y cuyo trabajo tenía una estrecha relación con la cotidianidad de la comunidad como las fiestas religiosas. Y ¿es esa la ventaja del progreso? Se dificulta la educación de los niños, y hablo de la educación informal, la de casa. Cada vez es esa aparentemente ingenua televisión quien se encarga amablemente.
Y con este estado del trabajo y ya tratando de recopilar alguno de los puntos anteriores quisiera mencionar de pasada las enfermedades psicológicas actuales. Estrés, depresión, ansiedad y trastornos de la alimentación. Adaptarse a una sociedad que en muchas cosas está enferma significa obviamente enfermarse. Alguien bien trabajador en nuestros tiempos es alguien bien estresado y bien ansioso. Así que es importante tener en cuenta los comportamientos marginales para adelantar bien de solución. Es decir artistas, los erróneamente llamados locos, etc...
Muchos de esos trabajos no tienen respeto ninguno por la naturaleza. Y como tantas otras cosas los hacemos por la pura fuerza de la inercia. De manera que la contaminación es tan corriente que ya estamos bien acostumbrados. Acostumbrados a no disponer de los ríos, a convivir con el plástico, a vivir bajo esas nubes grises de las ciudades y otro largo etcétera. Especialmente con el plástico pienso que nuestras rutinas diarias tienen mucho que ver. Comprar esos productos manufacturados donde cada elemento tiene un trozo de plástico es la apuesta más firme por seguir llenando el mundo de plásticos que vuelan y flotan por largo largo tiempo.
Y los líderes visibles y no tanto, pues a ellos si se les tiene que criticar no es como eso malvados explotadores. Para mi son los que más metiditos están en este sistema de contaminación, apariencia y de perdida de sentido. Muchos de ellos tienen todo lo que se supone que forma la receta de la felicidad y ¿son felices? Rodeados de guardaespaldas a cada movimiento, viviendo entre los muros de sus propias prisiones de mármol y obras de arte, consumiendo y consumiendo. Lo fácil siempre es culparlos a ellos. Al final es uno mismo el que se deja engañar y es mejor no escudarse en inventadas cabezas de turco.
Se habla también de cambios en el género que sería como esa vivencia de las diferencias biológicas del sexo. Sobre todo en el caso del género femenino esto se ve con orgullo. Y es cierto que ha habido grandes mejoras al respecto, como la posibilidad de que las mujeres voten o la protección jurídica de la que gozan en la actualidad. Pero no todo es tan positivo. A mi modo de ver, se está dando un cambio en los géneros, pero cada uno está cogiendo lo peor del otro. Las mujeres están aprendiendo ese afán sin sentimiento de otorgar al trabajo (despersonalizado) el núcleo de la vida, el egoísmo desmesurado, la violencia con que se trata uno a si mismo y a los demás... Y los hombres los cuidados estéticos o el narcisismo enfermizo. Como pasando por alto cosas tan evidentes como que la mujer tiene el don de procrear con lo que tiene una tendencia natural hacia ciertos hábitos. Y que el hombre segrega más testosterona con lo que tiene una inclinación natural hacia las actividades físicas y si no lo hace la violencia queda hasta que explota. Me atrevería a decir que estos cambios no son azarosos, por que convierte a ambos géneros en mucho más consumistas. Y aún iría más lejos para decir que también tiene que ver con el aumento de la violencia respecto a las mujeres. En la perdida de identidad de género del hombre, su violencia se está convirtiendo en una forma de reivindicación, como para lo mujer no tener hijos.
Visto de esta manera espero que sea fácil de entender que la libertad es bien ilusoria. No soy libre cuando me subo al coche nuevo que me compré me viene misteriosamente a la memoria el anuncio del carro que curiosamente me vende implícitamente esa sensación ilusoria de libertad. O porque cuando bebo coca-cola me pasa similar. La libertad más bien hay que ejercerla con fuerza y a menudo yendo contracorriente. Y además de libertad, también esta en serio peligro de extinción la más grande de nuestras virtudes, la conciencia. Si es que somos humanos es porque podemos ser concientes de nosotros mismos, como un ente físico pero sobre todo espiritual y no quedarnos en la mera satisfacción de las necesidades básicas (comer, beber, vestir o dormir). Y en el desarrollo de esa conciencia está una satisfacción mucha más duradera, aunque menos intensa. Seguramente no es necesario que todos nosotros lleguemos a una conciencia superior, a rozar ese nirvana de que hablan los budistas, pero ser más concientes de nosotros mismos ayuda a que veamos nuestras virtudes y flaquezas, que sepamos tolerarlas en los demás y mejora la convivencia con nosotros mismos y el resto de las personas. Además, obviamente, nos previene para no ser veletas que se mueven en las direcciones que soplan las corrientes consumistas.
Es lógico que la droga sea un gran problema en nuestros tiempos. Primero que se ha sacado totalmente de su contexto ritual, que entre otras cosas servia de control. Y segundo que sirve perfectamente en una sociedad de ocio efímero. Uno de los ejemplos más claros es la cocaína. En su contexto primario, servia como energizante en terrenos tan hostiles como los Andes. Ritualizada y reservada para momentos concretos y para personas concretas también. Y tratada como lo que es, una planta bien poderosa. Actualmente se purifica y luego se embrutece con sustancias bien dañinas para aumentar el rendimiento económico que se le puede sacar. Se usa de forma recreativa o para aumentar la rapidez en la rapidez de una sociedad bien rápida. Su consumo reiterado se puede dar con facilidad porque no solo es que no haya un control ritual, si no que los efectos que produce son bien deseables en nuestra sociedad. Aumento del habla, de la seguridad en uno mismo y rapidez. Pero también tiene esos efectos colaterales, básicamente ese cambio de conducta hacia el egoísmo, la desconfianza de los demás, el aumento de la violencia y la perdida de sentido cuando ya no se tiene. Hasta algunos de estos problemas son positivos en según que contextos.
Una vez hecho este pequeño análisis del momento actual, afortunadamente en crisis, quisiera dedicarme brevemente a lo que yo pienso que son formas de mejora o de cambio. En primer lugar y lo más importante, el cambio de este mundo implica ante todo una revolución individual. Y ya no entendiendo revolución como algo sangriento o violento, aunque obvio que si como un cambio brusco. Sería más bien un cambiar nuestras conductas cotidianas Ni que sólo cambiáramos cada uno de nosotros un pequeño comportamiento diario los cambios se multiplicarían de manera exponencial. La revolución pasaría por ser algo individual, cotidiano y sostenido en el día a día de cada uno. Eso no quiere decir que no se pueda compartir. Por ejemplo, dejar de consumir productos de dudoso origen, o lavar los platos sin dejar el grifo encendido. Lógicamente se puede compartir, para que cada uno vaya cambiando, pero primero lo tendría que hacer uno mismo.
Dentro de esta revolución diaria un papel esencial lo tiene la conciencia de nosotros mismos, de nuestras virtudes y defectos. Recorrer un camino de crecimiento y de equilibrio de todas las facetas de nuestro ser. Salir de los meros goces corporales y poder tener un sentido en la vida. Esto no quiere decir que levitáramos todos, solo un sentido que nos proteja del devaneo continuo de tener que estar consumiendo cosas materiales para tratar de ser felices. Cuando uno es mínimamente consciente de si mismo averigua cuales son las cosas que realmente le llenan, cual es su vocación, donde se siente realizado y movilizando todas sus virtudes. El camino es fácil aunque los obstáculos pueden ser múltiples. Las nuevas espiritualidades pueden ayudar, por supuesto. Y afortunadamente están dándose más y más, pero se requiere de cambios en las conductas concretas, como reducir el tiempo de ver televisión, reducir el número de actividades, o conversar más con nuestros prójimos. La verdad es que no hay una sola verdad. Eso es cierto dentro de nosotros mismos, pues mucho más en nuestra convivencia. Llegar a esa conclusión requiere de un trabajo de reflexión. Pero mientras más lleguen a esa conclusión el mundo será un lugar mucho más pacífico. Izquierda-derecha, barcelona-madrid, buenos y malos, españoles-italianos, americanos-europeos, hombres-mujeres. Dualidades que al final resultan absurdas pero que justifican miles de conflictos en nosotros mismos y con los demás. En cada hombre existe lo peor y lo mejor de la humanidad. El gran inventor y el asesino más despiadado viven dentro de nosotros, el loco más elegante y el cuerdo más aburrido están en nuestro interior. De manera que mejor resolvemos eso en nosotros mismos y luego el trato con los demás va a ser más afable. Eso es mejor que vivir herméticamente con nosotros mismos e ir criticando a los demás por cosas que nosotros mismos hacemos, pensamos o sentimos.
Otro aspecto que se puede cambiar es lo ecológico. Tratar de consumir menos productos que tienen tanto plástico, dejar de lado los productos de las grandes empresas y empezar a consumir productos más locales menos variados con menos colores pero de los que conocemos la procedencia. Tampoco esta de más recuperar nuestras habilidades manuales, para directamente tener que comprar menos y poder reciclar nosotros mismos las cosas que de otra manera llenan nuestros basureros y que serían perfectamente recuperables. Gastar menos agua, mejorando la manera de fregar los platos, recortando los tiempos en la ducha. El agua no es por magia que sale del grifo, lleva todo un elaborado proceso y es un bien preciadísimo. Estos cambios mismo requieren igualmente de una conciencia, conciencia de que son necesarios y de que con nuestros actos decidimos hacía donde se decanta el mundo. Sin 20 de nosotros recorta el consumo de coca-cola a dos terceras partes en el año, durante varios años, se ha de notar por fuerza.
Dentro de estas mini revoluciones individuales existe la posibilidad de recuperar actitudes y maneras antiguas, porque lejos de lo que parece darnos a entender el sistema imperante, lo viejo puede ser bien positivo. De esta manera, existió una vez una economía llamada trueque. Este sistema no implica el intercambio de dinero, con lo que evita los problemas actuales debido a inflación, precio del dinero y demás conceptos, que olvidamos que son inventados. Yendo a lo viejo también se puede recordar que fácil se puede vivir sin tantas lujos, lujos que implican un sobreesfuerzo enorme o un endeudamiento terrible. El invento del crédito ha hecho que nuestra capacidad de consumo sea brutal, dilatando el tiempo de pago. Aún dentro de lo viejo, un repaso crítico a toda la historia de la humanidad hace ver que los grandes héroes o los grandes personajes responden más a nuestra necesidad de glorificar a alguien para tener algo dentrito nuestro que este cerca de la gloria que a la realidad. Hablamos de los grandes imperios, de sus reyes cercanos a dioses, de los grandes revolucionarios, de los grandes arquitectos y así. Pero es bien evidente que los grandes logros de la humanidad son logros colectivos. O es que las pirámides de las civilizaciones mayas o egipcias las construían los reyes. Conjugando nuestras fuerzas, trabajando colectivamente en familia o en grupo se consiguen mejores cosas y más rápido, con el valor añadido de que en la convivencia cuya resolución nos regala mejores relaciones. No estaría de más recuperar ese aunamiento de fuerzas, esa colectividad que pone un poquito de freno al individualismo dañino de nuestras modernas sociedades que al final nos lleva a unas angustiantes soledades. Claro que se necesitaban cabezas pensantes. Pero hasta en eso se puede aprender de lo antiguo. Los grandes líderes eran los que hacían mayores sacrificios, en primer lugar preparándose desde bien pequeños, para ser chamanes, para construir, para hacer sus artesanías o para gobernar. La llegada de la nobleza y de la burguesía ha hecho que los que manden no sean los que tienen mejores actitudes, si no los que tienen más plata o vienen de una familia poderosa. Por ejemplo en Kuna Yala, la provincia indígena independiente de Panamá, para la elección de los líderes existe la metáfora del tronco principal que sostiene sus cabañas. Ese tronco tiene que ser recto para que no lo tire el viento y el puro corazón de un árbol para que no se lo coman los insectos. Esta metáfora sirve para que el consejo de ancianos vayan eligiendo a los futuros líderes. Es decir los líderes no se eligen ellos, los eligen los ancianos. No es que esta forma sea la mejor, pero si es una alternativa a tener en cuenta. Y así ocurre con otras “antigüedades” cercanas o más remotas, que poco a poco se van a ir extinguiendo en la influencia uniformadora de este sistema. Sistema, recuerdo, que hace aguas y aún cayendo sigue criticando lo antiguo. Y es que ¿podemos criticar a los indios que viven en el Amazonas, que durante siglos han sostenido una sincronía adecuada con su medio, sobreviviendo y extrayendo de él tan solo lo que necesitaban? Y nos es que los indígenas sean mejores. Lo que digo es que extrayendo lo mejor de cada modo de vida de los existentes hasta ahora, podemos hacer de este mundo un lugar mejor, mejor cuidado, donde se conviva mejor y sobre todo que podamos pasar un mejor legado a todas las generaciones venideras, nuestros hijos, nietos y bisnietos. Y ¿por que no empezar ahora? Gracias a esta estimada crisis se abren nuevas puertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario