Ramón solo recuerda aquellos tiempos de bonanza, aquel resplandor del pueblo por los relatos que le contaba su abuelo, recuerda como había empleo y el pueblo crecía a un ritmo veloz, el como la plaza se llenaba los domingos por las tardes y que era el cuando las jovencitas, las hijas de los mineros provenientes de otros pueblos salían a “dar la vuelta”, no lo hacían con mucho entusiasmo, el pueblo estaba en ciernes no había mucho que hacer, apenas y había unos pocos puestitos donde comprar algo para merendar, y aunque había muchos jóvenes casi todos ellos pasaban la mayor parte del tiempo en la mina.
Lo que si había eran cantinas y pulquerías; donde hubiera un montón de hombres de aspecto rudo trabajando mas de 12 horas al día había también algún establecimiento dedicado a abastecer de líquido a tanto trabajador sediento. Y con el montón de hombres ebrios venían los problemas: los pleitos eran comunes y el ver hombres ebrios tirados por la calle era el pan de cada día. No pareciera ser un lugar donde vivir con la familia pero el empleo escaseaba en otros lados y ahí los tiempos parecían buenos para ganar algo de dinero.
Estuvo el pueblo repleto de trabajadores nómadas que iban de pueblo en pueblo buscando mejores condiciones, había algunos que duraban en cada lugar unos 2 o 3 años y enseguida se movían, acostumbrados a la movilidad no se empeñaban en tener lazos con las demás personas, vivían para ellos mismos, incluso en sus casas había cierto ambiente de austeridad, con solo lo necesario, nada que tuviera algún rastro de nostalgia, todo liviano, fácil de mover, nada lo suficientemente arraigado en donde asirse para echar raíz.
El trabajo en la mina fue prometedor aunque no por mucho tiempo, después de unos cuantos años la veta se agoto o por lo menos quedó inaccesible para los rudimentarios métodos de aquellos días, el pueblo quedo desierto con una rapidez impresionante -en este lugar el agua escaseaba, el clima era muy árido y lo único atractivo que tenía era el trabajo que daba la mina, al acabarse éste se acabaron también las actividades adyacentes-. Solo quedaron los anuncios colgados por arriba de las puertas.
Las calles ahora limpias de borrachos dormidos en las calles, de los ríos de orines que recorrían las callejuelas del pueblo por las noche, limpias también de negocios prometedores, de niños en escuelas y misas de domingo abarrotadas.
Sólo se quedaron los que habían estado ahí desde siempre, la falta de empleo no los asustaba, estaban acostumbrados a vérselas difícil, al acabar la abundancia, rápidamente se adaptaron a la austeridad de los tiempos pasados, a la escuela de 10 niños y un maestro, a las misas vacías, incluso al párroco le volvió la tristeza a su semblante, se diría que hasta los santos guardianes del templo perdieron el brillo de aquellos días.
El abuelo de Ramón fue uno de ellos, se quedo estoico ante las circunstancias, viendo como su pueblo antes pobre después próspero y ahora de nuevo desolado, poco a poco cedía a la voluntad del viento y el polvo, de la soledad y el abandono.
Así como su abuelo el padre de ramón fue de raíces mas fuertes que la necesidad y se quedó ahí también en su pueblo quieto, incluso ya de muerto el abuelo cuando no pareciera tener sentido alguno permanecer ahí (si es que alguna vez lo tuvo) él prefirió quedarse ahí en su tierra, que si bien siempre le fue ingrata, era su tierra y ahí creía que debía morir.
Ramón también se quedaría, no por algún sentimiento de arraigo hacia ese lugar, mas bien lo hizo por indiferencia, la misma indiferencia que lo había acompañado durante toda su vida. Su tierra infértil que desde siempre le había dado la espalda, su pueblo que lo abandonó desde hace mucho, su gobierno que desde siempre lo ignoró estando su pueblo a la sombra de la vecina capital.
Sin convicciones mas que la de vivir al día, comer algo y tener para beber mucho, mucho licor; no bebía para olvidar, sus recuerdos se fundían en uno solo; monótono y bicolor como en blanco y negro, como una fotografía de esas antiguas como cubiertas por una fina tela de polvo, de un tono ámbar por las orillas, de esas que por si mismas evocan aires antiguos y emanan nostalgia, bebía mas bien para poder dormir sin soñar, que los sueños hacen mal a lo hombres que no pueden permitirse la luz de la esperanza en su vida, por que a la vuelta de la esperanza esta la desilusión, misma que caería como burla al ya de por sí desesperanzador porvenir.
Ramón trabajaba con su padre de jornalero en el pueblo cercano de “Las puertas” a unos 5 kilómetros de su pueblo, todos los días se levantaba temprano con resaca o sin ella y caminaba todo el trayecto hasta las parcelas de esa tierra fértil, tierra blanda fácil de arar.
El padre de ramón se la pasa hablando sobre como seria su pueblo si hubiera este tipo de tierra en vez de la tierra dura llena de piedras del pueblo, Ramón hacía oídos sordos porque ya se sabía de memoria la perorata de su padre, pero de vez en vez le contestaba con el argumento de que de nada serviría esta tierra si no llueve o si no hay como mínimo forma de irrigarla, a lo cual el padre ante la imposibilidad de sus deseos solo hacía una mueca de disgusto y levanta la vista al cielo como si la cantaleta de todos los días fueran oraciones y pidiera el favor divino.
Así transcurrían los días, del pueblo a las jornadas, de las jornadas a la cantina y de la cantina al pueblo mientras había trabajo en el campo los demás meses del año cazaban armadillos para venderlos igual que con las serpientes solo que a estas las mataban para vender su piel y comer su carne, no ganaban mucho estos eran los tiempos flacos.
Un buen día (o malo) de repente el pueblo se vio en ebullición otra vez, pero esta vez no eran comerciantes los que rompían el silencio anunciando sus productos, ni ruido de borrachos peleando en la calle o perros ladrándole a la muchedumbre, tampoco las campanas de la iglesia repicaban de nuevo, ahora lo que alteraba la quietud del pueblo era una multitud de jóvenes de pinta estudiantil marchando hacia la plaza.
Ramón vio las mantas que llevaban estos jóvenes, pero no entendía las consignas llenas de exigencias sobre protecciones y salvaciones para su pueblo; en un principio porque no estaba enterado de las noticias, al enterarse vino su más fuerte duda: ¿Por qué parecía importarles tanto el bienestar de su antiquísimo y olvidado pueblo?, ¿por qué ahora y no antes?, tanto tiempo de olvido y marginación y hasta ahora había alguien dispuesto a ayudarlos, le extrañaba y más siendo que nadie había pedido su ayuda.
Ramón supuso que esto le vendría bien al pueblo, que si bien las consignas en contra de una minera transnacional que al parecer sus intenciones de explotar el mineral supondrían un eminente riesgo hacia el pueblo además de contaminar a través de las filtraciones del agua los mantos subterráneos que alimentan a la capital de agua, al final de cuentas habría cierta atención hacia las carencias del poblado, no es que le importara tanto, no es que limosneara ayuda, solo que no podía ignorarlo; todo pasaba en sus propias narices, era lógico hacerse esas preguntas, incluso llegó a pensar a ofrecer esas pieles de serpiente que vendía en aquellos tiempos flacos.
Se pregunto después: ¿Qué de malo tenía que llegara esa compañía minera? que ahora que se ha enterado que esa compañía invertiría en construir caminos e infraestructura de utilidad para todo el poblado pues no le parecía tan mala idea, que tal vez hasta un empleo le podrían dar, el conocía bien el terreno y sería de utilidad, incluso se aventuro a imaginar que en un caso su madre podría cocinar para los trabajadores que ahí estuvieran.
No pasaba mucho tiempo pensando en esas cosas, mientras tuviera trabajo en las jornadas no le importaba mucho, que si bien si guardaba cierto recelo de estos “manifestantes protectores de la tierra y patrimonios culturales” solo lo veía como una oportunidad en caso de que se vinieran tiempos difíciles.
Serían acaso premonitorios los pensamientos de Ramón que al paso del tiempo dejó de trabajar en las jornadas, bueno no solo el, sino todos sus compañeros incluido su padre, la cosa se puso mal, querían linchar al capataz, pobre, aunque no pasó a mayores si le dejaron uno que otro moretón en eso del forcejeo. Poco después se entero por rumores en el pueblo de Las puertas que su patrón vendió las tierras a la multinacional, que ahí construirían algo como un almacén para maquinarias y demás cosas que utilizarán.
Y así se vinieron los tiempos difíciles, Ramón tranquilizaba a su padre en sus momentos de desesperación -mira ya como construyeron el puente, verás como nos dan chamba o en todo caso hasta un negocito ponemos, con tanto trabajador: clientela segura verás- el señor se tranquilizaba un poco, y aun con cierta desesperanza decía:
-Pus nada más que los dejen trabajar todos esos manifestantes-,
-vas a ver que pronto se van ese hijos de su puta madre, que mejor deberían de ponerse a trabajar cabrones huevones.
En Ramón ya no había recelo hacia los manifestantes ya había un profundo resentimiento, y más después de aquel día en que sin mas por hacer y ya casi sin dinero que Ramón fue ofreciendo sus pieles de serpientes a los manifestantes.
Pinche inconsciente fue lo menos soez que le gritaron entre todo ese mar de insultos, se escuchó algún patán, muchos chingas a tu madre, varios pendejos.
Pinches fresitas putos -dijo Ramón a su padre al contar lo sucedido- que ya los quería ver a los cabrones viviendo aquí todos los días a ver si muy chingones, que se fueran a la chingada a sus casas elegantes que aquí nadie los había llamado.
El dinero nunca fue mucho y la espera se había alargado, si bien los manifestantes no se habían ido, la minera tampoco les había contestado sus solicitudes de trabajo, que vamos hasta siendo empleados de limpieza se daban por satisfechos, ya estaban pensando que no los contratarían si bien la esperanza muere al último, los ruidos de maquinas en las noches les confirmaban que estaban trabajando la mina aún con las protestas todavía en marcha.
La esperanza la abandonaron al poco tiempo, por un lado al enterarse que aquellas tierras donde antes trabajaban no fueron destinadas solo a un almacén sino también en condominios para albergar a lo trabajadores de la mina, además que se dieron cuenta que ese puente no les era de mínima utilidad, ellos no tenía carro, de ¿que les servía un bonito puente de concreto?, simplemente no fue hecho para ellos.
El dinero se casi se acababa, solo quedaba el suficiente para hacer lo que todos ya habían hecho y que ellos en su necedad no lo hicieron, siguieron así el camino que los demás ya habían tomado, se fueron por la sendera que conduce al norte, había que ir ligero, se dejaron mesas y muebles que parecieron haber sido clavados al suelo para quedarse ahí por siempre.
Al irse del pueblo pasaron por donde los manifestantes quienes aventaban huevos a una camioneta con la calca de la minera sólo algunos vieron la retirada, los demás indiferentes a la huida del espíritu de pueblo que se marchaba para no volver. El padre de Ramón pasó de largo, cabizbajo arrastrando el paso como queriendo llamar la atención, como culpándolos, recerca lo seguía su mujer. Ramón siguió varios metros detrás de sus viejos, callado avanzando lento y dirigiendo miradas de fuego y dibujando con la boca un chinguen a su madre a los manifestantes indiferentes a la huída de Ramón.
Y así se fueron lentamente caminando, volteando de vez en vez como esperando que aquel pueblo suyo, al ver partir a sus hijos, les convenciera de quedarse a cambio de resarcir todo los inconvenientes, de disculparse por toda la indiferencia mostrada a aquellos que lo quisieron tanto. Pero aquel laberinto de calles empedradas y edificios de piedra permanecería inmóvil quieto, estoico ante la partida de su gente, de su alma diría yo, que es un pueblo sin gente sino un pueblo sin alma.
Por que al final, cuando los demás regresen a sus casas elegantes y el asunto se de por perdido y olvidado solo el viento y la tierra permanecerán ahí, llevándose en cada ventisca un poco de lo que era ese pueblo antes en auge ahora abandonado, los muros de las casa poco a poco se desmoronará por esa falta de humedad que les daba cohesión, humedad que día a día transpiraron los mineros al final de un duro día de trabajo. Los muros que fueron levantados a causa de la mina y que ahora secos de habitantes la propia mina reclamaría a volver a sus cimientos hacerlos parte de ella otra vez y quedar sepultados en la memoria de quienes ahí vivieron.
Jorge, México
miércoles, 22 de julio de 2009
NOCTURNA
Viernes en el Parque del Periodista,
la plaza conmemora otro reguero colorado
esta urbe entiende de entierros
hubo un tiempo en que la habitaban
más balas que personas.
Instante nocturno
sentado crisol de tribus
parceros bebiendo la noche destilada
sorbos sosegados, alerta
deambulan los tombos, intimidan y
quiebran obligados la armonía desordenada
rugiendo, gestos rasurados y serios,
apenas se inmuta la raza
unas almas más,
como las de los infinitos muertos
que se remueven inquietos en la penumbra
buscando asesinos, perdón o venganza,
como los desechables cargando sacos
plástico y vidrio y la mano tendida
"un pesito mijo".
Necesidades
basuko, guaro, perico u olvido
drogar demonios de todos los infiernos
que asoman por esos ojos huecos
entre caras churretosas, cabellos en enredo
y olor hiriente a degradación.
Sería cómico, mejor dicho
bien real, no es una mera ráfaga de noticiario.
Y buscamos divertirnos
aguardientearnos,
en veces el mundo queda holgado
tan solo quieres trabarte
con espíritu pacífico
mientras ruedas de violencia y dominación
giran con todas las estridencias
a tu alrededor.
Y viajar mundos, romper esquemas.
Asi le caimos, Líbido de techos descascarillados
hablaban las paredes mensajes sórdidos
murales de almas oscuras, cuernos
risa y muecas,
"dios te bendiga y te envíe
78 años al infierno",
puertas macabras con candados
rostros sin rostro sin luz
en el lila, vibra severa del lugar.
Entre estas paredes conmemoracion
de multiplicados avernos
que conoció este valle,
acá desfile de fiestas bizarras
cuero, disfraces, carner mordidas
flujos, narices llorando en blanco
niñas descarriadas buscando consuelo
en la avaricia sin sigilo
que devora nuestro siglo.
Se nos cruza una mujer
mira rápido y lejana
odio deseo y miedo de una
se va como vino, espectro.
Retales abigarrados
el delgado pelao larguirucho
embutido en negro, blanca corbata
su pelo apenas en la coronilla
¿teatro o identidad?
Músicas burlando estilos, masticando
etiquetas.
Punk y la fornida muchacha
correa de perro
baila una tortura interna
rostro de dolores, fruncir de labio.
Acaba la música, normal
sigue su rumbo, todo bien parce.
Las féminas pasan
roces y caricias, baile ciego
y viendo tan adentro
en los abismos vírgenes de mi pecho.
Al final solitaria certeza
entre multitudes
hijo de mi tiempo
de músicas que retuercen
significados.
Viernes en el Parque del Periodista,
la plaza conmemora otro reguero colorado
esta urbe entiende de entierros
hubo un tiempo en que la habitaban
más balas que personas.
Instante nocturno
sentado crisol de tribus
parceros bebiendo la noche destilada
sorbos sosegados, alerta
deambulan los tombos, intimidan y
quiebran obligados la armonía desordenada
rugiendo, gestos rasurados y serios,
apenas se inmuta la raza
unas almas más,
como las de los infinitos muertos
que se remueven inquietos en la penumbra
buscando asesinos, perdón o venganza,
como los desechables cargando sacos
plástico y vidrio y la mano tendida
"un pesito mijo".
Necesidades
basuko, guaro, perico u olvido
drogar demonios de todos los infiernos
que asoman por esos ojos huecos
entre caras churretosas, cabellos en enredo
y olor hiriente a degradación.
Sería cómico, mejor dicho
bien real, no es una mera ráfaga de noticiario.
Y buscamos divertirnos
aguardientearnos,
en veces el mundo queda holgado
tan solo quieres trabarte
con espíritu pacífico
mientras ruedas de violencia y dominación
giran con todas las estridencias
a tu alrededor.
Y viajar mundos, romper esquemas.
Asi le caimos, Líbido de techos descascarillados
hablaban las paredes mensajes sórdidos
murales de almas oscuras, cuernos
risa y muecas,
"dios te bendiga y te envíe
78 años al infierno",
puertas macabras con candados
rostros sin rostro sin luz
en el lila, vibra severa del lugar.
Entre estas paredes conmemoracion
de multiplicados avernos
que conoció este valle,
acá desfile de fiestas bizarras
cuero, disfraces, carner mordidas
flujos, narices llorando en blanco
niñas descarriadas buscando consuelo
en la avaricia sin sigilo
que devora nuestro siglo.
Se nos cruza una mujer
mira rápido y lejana
odio deseo y miedo de una
se va como vino, espectro.
Retales abigarrados
el delgado pelao larguirucho
embutido en negro, blanca corbata
su pelo apenas en la coronilla
¿teatro o identidad?
Músicas burlando estilos, masticando
etiquetas.
Punk y la fornida muchacha
correa de perro
baila una tortura interna
rostro de dolores, fruncir de labio.
Acaba la música, normal
sigue su rumbo, todo bien parce.
Las féminas pasan
roces y caricias, baile ciego
y viendo tan adentro
en los abismos vírgenes de mi pecho.
Al final solitaria certeza
entre multitudes
hijo de mi tiempo
de músicas que retuercen
significados.
Miguel Luna, Medellín, Julio 2009
Llegué a Santa Marta al borde del atardecer pensando en ciudades perdidas y en la Cartagena que atrás dejé. Al siguiente día, partía hacia la sierra. Dormí una noche hinchada de sueños, entre nanas de un ventilador que regaba la pieza con pedazitos de techo. En la mañana montamos la colorida chiva. Fueron cinco días de caminar en la más completa humedad, bañándonos en ríos y comiendo rica piña y patilla (sandia). No podía ni quería evitar quedarme atrás del grupo, embriagado por el carrusel de verdes y curioseando cantos entre la maleza. Allá no me valían las competiciones por llegar primero. Las tardes se prolongaban en el balanceo de uno de los mejores inventos de la humanidad. Hamacas donde descansábamos bajo cielos velados que no descubrían la luna hasta la madrugada. En el tercer día atravesamos el río varias veces y llegamos al pie de las pronunciadas escaleras. Allí llegó la lluvia. La primera visión de una ciudad abandonada y luego saqueada, fue bajo hojas de plátano. Ruinas circulares, sugerencia de otros tiempos. Llegar al campamento, tomar un chocolate caliente y cambiarme de ropas. Sublime sencillez, que poco necesitamos.

Y regresamos, llenos de una antigüedad imaginada, del saber cotidiano de los guías, de esos encuentros esquivos con los recelosos Koguis y de picadas de mosquitos, jejenes, zancudos y hasta garrapatas. Llegar a una cama, a una ducha, alivio para animales demasiado domesticados ya. Fueron días luego de descanso, de reponerse, de decidir en esa libertad de viajero hacia donde seguir. Llegó una rumba, se armó en la noche de Taganga, a 15 minutos en buseta. Sal si puedes, la llaman. Hay momentos en que uno siente que tiene que abrirse. Lo sentí, demasiado ruido en mi cabeza. A San Gil, de una.
San Gil, pueblito entre cerros, hogar de rapaces que devoran los restos del día de mercado. Una pequeña casita, entre mandarinos y mangos, en la inmensa riqueza de vivir sin más ruido que los animales y el viento que traduce las voces vegetales. Explosiones de creatividad. Y en el silencio supe que tenía que volver, cosas a medias quizá.
De nuevo Miramar. Antiguo hostal de mas de treinta años, hogar transitorio de toda clase de vagabundos. Con esa terraza sin vistas a nada, ni al mar ni a la calle. Esa terraza que ardía en la mañana y alivianaba las noches, que me regalo atardeceres de oro. Cuantos ratos de tertulia, con el viejo y todos los que por un rato nos encontrábamos allá. Escuchar filosofías no escritas, sabidurías de la calle, filosofías nos escritas, de vivir la vida sin restricciones inventadas. "La vida es para vivirla, no para encerrarla entre dos paredes". Y en cualquier momento aparecía Tina. La muda la llamaban. También era sorda. Con esa mujer comprendí que si uno calla es porque quiere. En su discurso prolongado de gestos y balbuceos fuí entendiendo más y más. Las anécdotas que explicaba, lo sorprendente de sus percepciones.
Y el día era bien caliente en St Marta, rabioso el picar de mosquitos, imposible levantarse temprano. Salir de la pieza y buscar el juguito fresco. "Todo bien?" "Gallego del orto" Venirse tan lejos de casa para encontrarse con unos hermanos. Encuentros en el entramado de la enigmática casualidad. En esos ratos aprendimos que "camarón que se mueve, se lo lleva la corriente", viendo desfilar bellezas de todas las latitudes. Cartas de amor no correspondidas, mujeres persiguiendo hombres, y estrategias de amor entre risas de niños mayores.
Lento apresuramiento de la costa samaria. El calor parece dormir tu prisa, invitar seductor de contínuo al descanso. Las pocas salidas en el día eran para comprar en el mercado, tomar el jugo donde las naranjas "gracias, mi amor". Cruzar la 10 en el día. Los niños del basuko que en la noche caminaban como almas atormentadas, dormían en el día sueños convulsos. Las prostitutas amanecían tarde, pero la música y sus parlantes eran tempraneras. Quién nunca duerme es la belleza costeña.
De las muchas noches una hubo fiesta grande. Era el cumpleaños del dueño, Jairo. Y el que fuera portero, Germán, en su ebriedad nos regaló un repertorio de personajes y voces. En otra noche, apareció un gato, tenza llorón. Demente lo bautizamos y ya no se despegó de la azotea mendigando comida y mimo. "El rebusque", asi le llaman en colombia, el mismo que se ve en la calle con los diferentes trabajos para conseguir una platica pues. Así descubrí una nueva dimensión de la generosidad, que no cuesta nada dejar caer unas monedas, a lo bacano.
Y uno se va aferrando a la costa, a las cosas inverosímiles que ocurren, a los deseos q se cumplen, a las rumbas severamente intensas que se ven ya venir. Viernes y sábado, prenden los parlantes, suena vallenato, reaggeton, cumbia, salsa... Las mujeres se arreglan chevere, se pasan botellas de ron, aguardiente y chicha, las risas se hacen más y más grandes.
Y el Velero del Amor en la bahía, abre tarde para los marineros que tienen unas horas para un consuelo fugaz. Y entran en el ciber, haciendo sus llamadas, con esas mujeres arregladas. Uno piensa que asi son todas en Colombia, pero no es así papá. Las colombianas son el amor hecho tacto y verbo. Igual los colombianos. Papi, mami, rey, reina, mamasita, mi amor, mi vida...Y el ritmo tatuado dinámico en el cuerpo. Así es la costa. Pero otra vez llegó la hora de partir, de cargar la soledad a cuestas, de sacar las raíces, de dejar a los hermanos rápido para no llorar.

Miguel Luna, Colombia, Julio 2009
San Gil, pueblito entre cerros, hogar de rapaces que devoran los restos del día de mercado. Una pequeña casita, entre mandarinos y mangos, en la inmensa riqueza de vivir sin más ruido que los animales y el viento que traduce las voces vegetales. Explosiones de creatividad. Y en el silencio supe que tenía que volver, cosas a medias quizá.
De nuevo Miramar. Antiguo hostal de mas de treinta años, hogar transitorio de toda clase de vagabundos. Con esa terraza sin vistas a nada, ni al mar ni a la calle. Esa terraza que ardía en la mañana y alivianaba las noches, que me regalo atardeceres de oro. Cuantos ratos de tertulia, con el viejo y todos los que por un rato nos encontrábamos allá. Escuchar filosofías no escritas, sabidurías de la calle, filosofías nos escritas, de vivir la vida sin restricciones inventadas. "La vida es para vivirla, no para encerrarla entre dos paredes". Y en cualquier momento aparecía Tina. La muda la llamaban. También era sorda. Con esa mujer comprendí que si uno calla es porque quiere. En su discurso prolongado de gestos y balbuceos fuí entendiendo más y más. Las anécdotas que explicaba, lo sorprendente de sus percepciones.
Y el día era bien caliente en St Marta, rabioso el picar de mosquitos, imposible levantarse temprano. Salir de la pieza y buscar el juguito fresco. "Todo bien?" "Gallego del orto" Venirse tan lejos de casa para encontrarse con unos hermanos. Encuentros en el entramado de la enigmática casualidad. En esos ratos aprendimos que "camarón que se mueve, se lo lleva la corriente", viendo desfilar bellezas de todas las latitudes. Cartas de amor no correspondidas, mujeres persiguiendo hombres, y estrategias de amor entre risas de niños mayores.
Lento apresuramiento de la costa samaria. El calor parece dormir tu prisa, invitar seductor de contínuo al descanso. Las pocas salidas en el día eran para comprar en el mercado, tomar el jugo donde las naranjas "gracias, mi amor". Cruzar la 10 en el día. Los niños del basuko que en la noche caminaban como almas atormentadas, dormían en el día sueños convulsos. Las prostitutas amanecían tarde, pero la música y sus parlantes eran tempraneras. Quién nunca duerme es la belleza costeña.
De las muchas noches una hubo fiesta grande. Era el cumpleaños del dueño, Jairo. Y el que fuera portero, Germán, en su ebriedad nos regaló un repertorio de personajes y voces. En otra noche, apareció un gato, tenza llorón. Demente lo bautizamos y ya no se despegó de la azotea mendigando comida y mimo. "El rebusque", asi le llaman en colombia, el mismo que se ve en la calle con los diferentes trabajos para conseguir una platica pues. Así descubrí una nueva dimensión de la generosidad, que no cuesta nada dejar caer unas monedas, a lo bacano.
Y uno se va aferrando a la costa, a las cosas inverosímiles que ocurren, a los deseos q se cumplen, a las rumbas severamente intensas que se ven ya venir. Viernes y sábado, prenden los parlantes, suena vallenato, reaggeton, cumbia, salsa... Las mujeres se arreglan chevere, se pasan botellas de ron, aguardiente y chicha, las risas se hacen más y más grandes.
Y el Velero del Amor en la bahía, abre tarde para los marineros que tienen unas horas para un consuelo fugaz. Y entran en el ciber, haciendo sus llamadas, con esas mujeres arregladas. Uno piensa que asi son todas en Colombia, pero no es así papá. Las colombianas son el amor hecho tacto y verbo. Igual los colombianos. Papi, mami, rey, reina, mamasita, mi amor, mi vida...Y el ritmo tatuado dinámico en el cuerpo. Así es la costa. Pero otra vez llegó la hora de partir, de cargar la soledad a cuestas, de sacar las raíces, de dejar a los hermanos rápido para no llorar.
Miguel Luna, Colombia, Julio 2009
miércoles, 8 de julio de 2009
GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS
Desde el 28 de junio del presente, Honduras ha venido viviendo una crisis política que algunos llaman un circo de los políticos. Una lucha por interés personales que se han salido de control. El país está dividido en dos grupos los que apoyan a los golpistas liderados por Roberto Micheletti, conocido político por intentos fracasados de llegar a la presidencia y el grupo en apoyo al presidente depuesto Manuel Zelaya Rosales… después de 11 días de manifestaciones, incertidumbre y mucha ansiedad de la población finalmente se observa esperanza de una posible solución.
El gobierno golpista de Roberto Micheletti quien no estaba dispuesto a entregar el poder con el apoyo, según se presume, de la empresa privada; y su cúpula de conocidos y temidos personajes de la política. El Gobierno derrocado con el apoyo de gran parte de la población especialmente la clase obrera no estaba dispuesto a ceder en la lucha. La presión de los grupos a favor de Zelaya en el país y la exigencia de deponer la constitucionalidad por parte de la comunidad internacional parece que han debilitado a los golpistas y ha dado ventaja a Zelaya.
No es difícil entender después de todas las mentiras que la población ha tenido que “medio tragar”, pero que no todos se creen especialmente el resto de países de la región. Después del método optado para mantener el control por parte de Micheletti, la militarización de las ciudades, impidiendo la libre circulación de las personas, mintiéndole a la población, controlando por la fuerza los medios de comunicación, se habla de jugosos sobornos a periodistas, a la iglesia, altos cargos e incluso a ciudadanos para que se manifiesten en favor del gobierno golpista, también el uso de armas de fuego por parte de los militares que ya se ha cobrado vidas (cuatro) y la lista sigue, violando así gran cantidad de artículos la propia Constitución de la República que ellos pretenden defender. Todo esto ha llevado a que la presión internacional sea cada vez más fuerte.
Por otro lado, distinta parte la población habla que Zelaya no es ningún héroe y que con sus mentiras solo quiere instaurar un gobierno siguiendole los pasos a Hugo Chávez y que su desesperado interés en realizar una consulta a la población es lo que nos llevo al desastre, consulta que muchos tacharon de ilegal pero que no se le probó.
Micheletti actuó de manera errónea e imprudentemente, Zelaya apoyado por gran parte de la población, especialmente los pobres… ya respira más tranquilidad y se habla entre la población de solución al problema.
LUIS, Tegucigalpa
El gobierno golpista de Roberto Micheletti quien no estaba dispuesto a entregar el poder con el apoyo, según se presume, de la empresa privada; y su cúpula de conocidos y temidos personajes de la política. El Gobierno derrocado con el apoyo de gran parte de la población especialmente la clase obrera no estaba dispuesto a ceder en la lucha. La presión de los grupos a favor de Zelaya en el país y la exigencia de deponer la constitucionalidad por parte de la comunidad internacional parece que han debilitado a los golpistas y ha dado ventaja a Zelaya.
No es difícil entender después de todas las mentiras que la población ha tenido que “medio tragar”, pero que no todos se creen especialmente el resto de países de la región. Después del método optado para mantener el control por parte de Micheletti, la militarización de las ciudades, impidiendo la libre circulación de las personas, mintiéndole a la población, controlando por la fuerza los medios de comunicación, se habla de jugosos sobornos a periodistas, a la iglesia, altos cargos e incluso a ciudadanos para que se manifiesten en favor del gobierno golpista, también el uso de armas de fuego por parte de los militares que ya se ha cobrado vidas (cuatro) y la lista sigue, violando así gran cantidad de artículos la propia Constitución de la República que ellos pretenden defender. Todo esto ha llevado a que la presión internacional sea cada vez más fuerte.
Por otro lado, distinta parte la población habla que Zelaya no es ningún héroe y que con sus mentiras solo quiere instaurar un gobierno siguiendole los pasos a Hugo Chávez y que su desesperado interés en realizar una consulta a la población es lo que nos llevo al desastre, consulta que muchos tacharon de ilegal pero que no se le probó.
Micheletti actuó de manera errónea e imprudentemente, Zelaya apoyado por gran parte de la población, especialmente los pobres… ya respira más tranquilidad y se habla entre la población de solución al problema.
LUIS, Tegucigalpa
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